• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Raymond Trousson

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Un episodio de junio de 1749: ciega de nacimiento, una muchacha que había nacido con cataratas, sería operada. Diderot pidió estar presente cuando le quitaran los vendajes, cosa que le fue negada. Le urgía saber cómo reaccionaría al ver la luz. Este momento revela al hombre: era un curioso insaciable. Su ansiedad avanzaba en todas las direcciones. Las ciencias naturales, las matemáticas avanzadas, la religión, la filosofía, los clásicos griegos y latinos, la fisiología, el teatro, la pintura, la historia antigua y más. Un cable de alta tensión que anhelaba atrapar el mundo.

A esa desmesura de saber y leer se correspondía una energía descomunal, una avidez que gobernaba su mente. Nació en 1713, hace 300 años, en un pequeño pueblo de Francia, llamado Langres. Dice Raymond Trousson, el autor de Diderot. Una biografía intelectual (El Acantilado, España, 2011), que es poco lo que se sabe de su vida hasta su primera juventud, salvo sus reiteradas demostraciones de rebeldía. Tenía 19 años cuando se enfrentó a su padre y le dijo que no se haría parte del clero.

Vida de peripecias, altos contrastes, pasos atinados y otros que le causarían recurrentes sufrimientos. Fue perseguido por sus ideas. Debió pagar prisión. Transcurrió bajo el ataque, por décadas, de hombres poderosos e influyentes que lo acosaban por sus posiciones anticlericales y de crítica a los poderes instituidos. A lo largo de sus 70 años, una y otra vez padeció la precariedad. Perdió a varios de sus hijos. Tuvo amigos enormes, como Jean-Jacques Rousseau, con quien rompió en medio de las diatribas de su tiempo. Pero siempre siguió adelante. Tozudo, inspirado, a veces audaz hasta lo irresponsable. Escribía textos anónimos y grandes obras que firmaba. Su imagen de genio peligroso alcanzó tal presencia en Francia, que en más de una ocasión le acusaron de ser el redactor de panfletos y piezas anónimas, que nada tenían que ver con él.

Lo que era ya un proyecto titánico, de 10 volúmenes de texto y 4 de grabados, creció a 17 de textos y 10 de grabados: 25 años en los que el prometeico dínamo de Diderot, obstinado contra todo lo imaginable, logró materializar la que podría ser la obra de su siglo: L’ Enciclopédie, casi 45.000 artículos escritos por Diderot, D’Alambert, Jacourt y otros, soñada y ejecutada como el esfuerzo que lograría instaurar un mundo más racional y tolerante. En un panfleto escrito por Diderot se lee: “Nos atrevemos a decir que, si los antiguos hubiesen hecho una enciclopedia, como hicieron tantas otras cosas, y este manuscrito hubiese sido el único que se hubiese salvado en la famosa Biblioteca de Alejandría, podría habernos consolado de la pérdida de todas las demás”. Este de Trousson: un libro delicioso.