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Tulio Hernández

Poeta germana con cambista roja

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1. Desde que la poeta alemana entró en la sala VIP del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar comprendió que su breve visita a Venezuela sería compleja. La sala, secuestrada visualmente por la descomunal fotografía del presidente que murió, le produce malestar. Tenemos derecho de especular que le remueve la memoria de una Alemania asediada por retratos monumentales de un militar nazi con bigote cuadrado.

La poeta sabe muy bien adónde viene. Ha leído sobre el “socialismo del siglo XXI”, la escasez de papel sanitario, los altos niveles de inseguridad, y alguien le advirtió sobre el control de cambio. Conoce el precio paralelo. Bueno para ella, malo para quien la espera.

Porque cuando ya suben hacia Caracas, la joven anfitriona asignada por los organizadores del X Festival Mundial de Poesía ofrece cambiar sus dólares por un monto 80% menor al del portal de las lechugas verdes e “incluso muy por debajo del cambio oficial”. Al verse descubierta, la anfitriona, teatralmente, dice que no sabía de la existencia de otro mercado. Sólo quiere divisas, explica, porque irá a estudiar a Europa y, como trabaja para el Gobierno, no debe pagar más que el cambio oficial. La escena termina con una transacción no muy buena para la invitada pero mejor que el ensayo de estafa inicial. La obra se llama: “Mercado paralelo en autobús rojo”.

2. Pero no es una obra de ficción. Los hechos los cuenta con lujo de detalle la poeta alemana Xochil Schütz en una crónica que sólo en Prodavinci, el portal venezolano guía de buenas lecturas, ha sido leída 90.400 veces y tuiteada otras 3.000. Su título “¡Ésta no es otra canción de amor para Chávez!”, se explica solo. Se trata de una nota sobre el hartazgo por todo aquello que –a quienes vivimos en este desvarío patrio– se nos ha convertido en asunto normal. En paisaje.

Hartazgo de Schütz frente al culto a la personalidad del llamado “comandante supremo”: “Durante los siguientes ocho días en Caracas, escucharé antes y durante cada uno de los eventos las palabras ‘Chávez’, ‘comandante’, ‘presidente’ y ‘patria’… su uso excesivo hace que mis oídos no las toleren más. Estoy alterada. Perpleja. ¿Qué es esto?”.

Hartazgo frente a la desidia reinante, incluido el hotel donde pernocta: “Se trata del antiguo Hotel Hilton que desde hace años pasó a manos del Gobierno… Desde entonces no han limpiado las ventanas, las alfombras están sucias y la ducha no funciona. De los cuatro ascensores funciona uno”.

Y, sobre todo, hartazgo por la manipulación gobiernera de los poetas oficialistas locales: “Hacen una poesía propagandística… La poesía debería ser independiente y conservar siempre la libertad de poder llamar la atención sobre problemas existentes”, le confiesa luego, en una entrevista, al escritor venezolano Héctor Torres.

3. Xochil Schütz nació en Berlín hace 38 años. Su aspecto desenfadado y una mirada aguda y penetrante le confieren un aire de persona muy franca. Al menos en las fotografías y videos. Cultiva el slam, una propuesta de hacer poesía sencilla, antielitesca e informal que trate de cautivar a públicos no expertos en literatura. Tal vez por eso a la cúpula literaria madurista le pareció oportuno invitarla al festival pensando que aplaudiría sus dogmas. Pero no fue así. Ahora sería descortés y “autosuicida” descalificarla con los argumentos de siempre: “imperialista”, “elitesca”, “oligárquica”.

Schütz regresó a casa. Desde allí escribió problematizada: “La omnipresente propaganda en Caracas me molestó inmensamente. Así como el hecho de que la política dominó de forma casi absoluta el festival, intentando vender propaganda como arte y así degradar el arte al nivel de propaganda. Pero, ¿eso es suficiente para decir que se trata de una dictadura?”. Al final ella misma se responde: “Mientras más intento entenderlo, más tengo la sensación de que en mi cabeza hay un insecto gigante, que no quiere salir. Tal vez su nombre sea, de hecho, ‘dictadura”. ¿A cómo está el dólar?