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Vladimir Villegas

La visita al Papa y las "papas calientes"

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La aprobación y promulgación de la Ley Desarme es una muy buena noticia en la lucha contra la inseguridad y la violencia en nuestra sociedad, y es un hecho alentador que este instrumento jurídico haya contado con el apoyo unánime de todos los parlamentarios.

Esta es una pequeña pero significativa muestra de que es posible lograr consensos sobre temas de interés nacional, y arrebatarle espacios a una polarización irracional que impide avanzar en la búsqueda de soluciones a tantas dificultades que tenemos en Venezuela. La Ley Desarme se aprobó porque los parlamentarios de ambos bloques que participan en la Asamblea Nacional supieron poner de lado sus diferencias, postergarlas y supeditarlas a un objetivo superior. Ni la oposición deja de ser tal ni el chavismo se destiñe de su color rojo rojito porque ambos sectores hayan descubierto que se puede coincidir sin renunciar a ser lo que cada uno es y a actuar en consecuencia.

La pauta siempre la marcará el Gobierno. Es al que corresponde crear las condiciones para buscar puntos de entendimiento. La confrontación no da frutos. No deja saldos positivos más allá de la retórica, no ayuda a que las empresas se recuperen, a que se estimule la inversión extranjera ni a que se generen nuevas fuentes de empleo productivo. Es pérdida de tiempo, es llover sobre mojado, es fabricar enemigos donde lo que existen son adversarios con posiciones políticas distintas. Ojalá que la visita de Nicolás Maduro lo llene de la fortaleza de espíritu suficiente como para asumir con valentía un cambio de rumbo, sin ceder a chantajes o autochantajes ideológicos, políticos o emocionales.

Una prueba de los eventuales efectos positivos de la gira vaticana de Nicolás sería, por ejemplo, promover una amnistía, para que salgan en libertad los prisioneros por razones políticas, aunque sea bajo la figura de la medida humanitaria para varios de ellos que la requieren, facilitar el retorno de los exiliados y, nada difícil, reconocer que existe un sector universitario en conflicto que no lo hace por golpista, desestabilizador o terrorista sino por hambre y dignidad. Nadie pide que Maduro retorne de su encuentro con el Papa convertido en san Nicolás. El milagro sería otro. Que se produzca un “reseteo” en el Gobierno y se despeje el camino al diálogo verdadero.

No descarto que pueda haber algún pequeño y para nada influyente grupo radical que quiera llevar a Venezuela por el camino del caos y el enfrentamiento violento. Pero ni representan la mayoría de la oposición ni tienen siquiera una pizca de injerencia en la agenda de la Mesa de la Unidad Democrática. Y también existen esos grupos en el chavismo, con la misma sed de enfrentamiento y de violencia, que tampoco son la expresión de la totalidad del oficialismo. Si las grandes mayorías del país, de uno y otro polo, se dejaran llevar por esos extremos hace rato que ya nuestro país hubiese traspasado la línea de no retorno. Menos mal que ha sido así. La responsabilidad del Gobierno y del liderazgo opositor, pero principalmente del Gobierno, es alejarnos de esa línea, no acercarnos.

Si es tan cierto que entre Estados Unidos y Colombia existe un plan, con sectores opositores locales, para desestabilizar al Gobierno venezolano, es incomprensible que se hayan producido estos recientes acercamientos entre Caracas y Washington, y que se estén propiciando condiciones para normalizar las relaciones con Bogotá.

No entiendo cómo un gobierno rodeado de dificultades por todas partes, de papas calientes en lo social y en lo económico, se distrae en la retórica de la confrontación en lugar de promover salidas que involucren a todos los sectores. Ojalá Mandela se mejore y pueda hablar un ratico con Maduro.