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Pedro Llorens

La fábula del asno y el petróleo

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Lo habían anticipado Héctor Malavé Mata, Héctor Silva Michelena y otros economistas, y lo ratifica (el problema persiste y adquiere cada día mayor gravedad) el director de Ecoanalitica, Pedro Palma: “El Gobierno gasta más de lo que le ingresa, la demanda de divisas supera ampliamente la oferta, Pdvsa cada vez produce menos, con el Fonden saquearon al BCV y a Pdvsa” (la enumeración de diagnósticos insólitos pica y se extiende), y para terminar de oscurecer nuestro futuro inmediato, José Guerra, director de la escuela de Economía de UCV, asegura que “el efecto más inmediato de la aplicación del Sistema Complementario de Administración de Divisas es una nueva devaluación, esta vez de más de 100% del bolívar (las subastas como mínimo duplicarán el precio oficial del dólar) y un alza previsible de precios”.

Puede que se hagan remiendos y se solucionen casos concretos, pero el problema planteado es el de la fábula del asno que se encontró una lira: intentó hacerla sonar y la rompió. Algo parecido a lo que ocurrió a Corazón de Mi Patria cuando se topó con una catajarria de dólares, producto del increíble aumento en los precios del petróleo (mas de diez veces), que de manera constante se dedicó a despilfarrar, hasta quebrar y endeudar el país… y la única diferencia con el animal de la fábula está en la reflexión sabia que éste hizo: “Si otro más inteligente que yo hubiese encontrado la lira pudo haber deleitado nuestros oídos con divinos cantos”.   

Corazón de Mi Patria se encontró con el poder y confundió ser jefe con ser dueño del Estado (a los 14 años de mandato murió sin saber la diferencia y parece que sus seguidores no la quieren averiguar), no tuvo empacho en aceptar a los corruptos ni en ayudar a corromper a los que no habían tenido la ocasión de serlo (el famoso “no quiero que me den sino que me pongan donde haiga”) ni en defender a los que fueron descubiertos (a la DEA la sacaron del país por haber denunciado a jefes militares)…  

Se hizo famoso en el mundo entero como exportador de maletas llenas de dólares mientras en el país andaba como las mujeres que compraban a crédito romantones (sobretodos que llegaban hasta la media pierna) en negocios de árabes y siempre se le escondían al cobrador: “Ahí va la niña ahí va… ahí va, con ese turco atrás”, cantaban los cañoneros (conjuntos populares que divertían con sus letras satíricas, que se reunían en la plaza López, luego plaza España).

Vergüenza debió darle a Bigotón Pánfilo que el presidente de Panamá haya tenido que venir a cobrarle.