• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Maduro desesperado viene con todo

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En las elecciones del venidero 8 de diciembre Maduro se juega su prestigio como depositario del legado de Chávez y, por ende, su permanencia en el poder; igualmente, la revolución bolivariana, su vigencia en el tiempo como proyecto político. Para el oficialismo podrían representar un punto de inflexión terminal, que marcaría el principio del fin de la tentación totalitaria que anidó en la mente de quien fuera mentor y líder único de una corriente que se extendió por varios países del continente, como los del ALBA y otros gobiernos de corte parecido.

De otra parte, para la oposición estos comicios significan una oportunidad para avanzar hacia la consolidación de una mayoría que le daría el nervio suficiente para convertirse en una alternativa real, a los efectos de rescatar, por la vía constitucional, la democracia de las manos de quienes no creen en ella. O sea, sería un escalón muy importante en la larga y empinada escalera (llena de tropiezos y trapisondas) que ha recorrido durante 14 años de esfuerzos, frustraciones, alegrías momentáneas, humillaciones, arremetidas y amenazas de toda tipo.

Los sondeos de opinión más serios e imparciales dan cuenta del deterioro sostenido de la imagen y del liderazgo de Maduro y del cansancio de las bases chavistas; decepcionadas por su pésima gestión administrativa que no ha logrado dar pie con bola para sortear la grave crisis económica y social causante de un profundo malestar popular, y que presagia una derrota en las alcaldías de las principales ciudades y en el número total de votos emitidos a escala nacional; es decir, una catástrofe de pronóstico reservado de impredecibles consecuencias. 

Eso lo sabe la cúpula militar-civil entronizada. Algunos de sus integrantes han sido salpicados por denuncias de presuntos nexos con el narcotráfico, hechas por importantes figurones del régimen que, luego de haber caído en desgracia, han puesto los pies en polvorosa, pidiendo asilo en Estados Unidos (en calidad de testigos protegidos) para develar los negociados de funcionarios y excolegas. De tal manera que perder el poder sería una calamidad ya que se verían obligados a rendir cuentas ante la justicia (recordemos casos emblemáticos como el del general Noriega y el de los hermanos Ochoa –héroes de la guerra de Angola–, fusilados sin mayores contemplaciones por los Castro).

De allí las vueltas de tuerca que va dando Maduro a los efectos de asegurarse la desmovilización de la oposición por varias vías o mecanismos que van desde la escalada de la militarización de todas los organismos del Ejecutivo, pasando por la aprobación de la ley habilitante en la Asamblea Nacional (utilizando groseramente la justicia para que, mediante juicios amañados, la fracción parlamentaria opositora pierda un diputado), hasta el despropósito de meter preso a Capriles u otros dirigentes, lo que sería un acto de desesperación suicida que no le daría ningún rédito y lo desenmascararía ante la comunidad internacional, amén de elevar la imagen de Capriles a tal punto que se le devolvería como un bumerán fulminante. Otra medida extrema sería la de buscar una excusa para suspender el proceso electoral y esperar una mejor oportunidad para realizarlo el próximo año, o tratar de trampear resultados en algunos municipios. Son conjeturas sobre eventos que pueden suceder que destaco con la firme aspiración de que no se cumplan, pero…    

En fin, terminar de traspasar la tenue y delgada línea roja entre democracia y dictadura representaría un altísimo costo político que no sé si estarían dispuestos a pagar. La desesperación cuando se mezcla con el miedo forma un coctel explosivo que no puede ser apagado con gasolina. ¿Se inmolaría Maduro de esta manera por los demás? No creo…