• Caracas (Venezuela)

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Ramón Hernández

Humo y hielo

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Los que han tenido la suerte de no andar a rastras con un escolta o espaldero conocen una parte del significado de la palabra libertad, aunque presienten que su vida corre peligro. La incapacidad del Estado de brindar seguridad a los ciudadanos es similar a su disposición a demoler la república y destruir el sistema productivo, que por ignaros y otras deficiencias confunden con el capitalismo. Lejos de Marx y alérgica a cualquier texto que contenga unas letras más que las canciones de Alí Primera, la intelectualidad chavista es poco más que un agujero negro: la nada más absoluta.

Habiendo sustituido los libros por pistolas y fusiles de fabricación rusa, no sorprende que cuando aparecen desavenencias en las reuniones de las juntas directivas que manejan recursos del Estado, el funcionario de mayor rango ponga encima de la mesa su automática de 9 mm como el argumento de más peso y contundencia, como se estilaba en la Rusia soviética. La violencia no se limita a la catajarra de insultos y a las patadas por el culo que le ofreció el coronel jefe de escoltas de los candidatos del PSUV al comisario del Cicpc que educadamente le pidió que no alterara la escena del crimen. Tal conducta que fue recurrente en los regímenes militares que han clavado su ponzoña criminal la suponíamos superada, y que eso del “Estado social de derecho” era más que una frase rimbombante y que traía sustancia en las alforjas.

Vista la manera como se atropella el debido proceso y como han reaparecido procedimientos y métodos policiales ajenos a lo que estipulan las leyes y la convivencia más elemental, no debe extrañar que hasta el más insignificante, olvidado e inofensivo candidato del PSUV y sus aliados cuente con la protección de seis o más guardaespaldas. No saben con qué guapo y apoyado se van a encontrar en el camino, ni con qué tipo de armas los amenazarán o atacarán los que hacen realidad la sensación de inseguridad. Prevenir vale más que lamentar.

En ninguna de las tantas leyes que han sido promulgadas y reformadas en los últimos quince años se establece que un oficial activo de la Fuerza Armada debe coordinar al conjunto de espalderos que protegen a los candidatos oficialistas. Todos los habitantes del país, incluidos los que no ocupan cargos importantes, como es el caso de Ernesto Villegas y del vendedor de perros calientes, tienen derecho a que le resguarden la vida, su integridad física; que salir a la calle no signifique una cita con la muerte. No habría necesidad de custodios coordinados por un coronel de malas pulgas y peor conducta, si el Estado se dedicara a sus tareas básicas: seguridad, salud y educación, las tres totalmente olvidadas y en las peores condiciones. Cedo moto con la cilindrada mellada y la cadena floja, poco uso.