• Caracas (Venezuela)

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Demetrio Boersner

De diálogos y guanábanas

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La 68ª asamblea anual de la ONU comenzó en medio de tendencias hacia el diálogo y la conciliación. La diplomacia a la vez prudente y firme del presidente Obama alienta un ambiente de moderación, y abre la posibilidad de una solución política negociada del conflicto sirio, así como, quizás, del problema de las ambiciones nucleares de Irán. Contrariamente a las feroces críticas de columnistas de la prensa occidental, Obama ha tenido éxito en ganarse el respaldo del Congreso estadounidense (junto con la aprobación de 79% de los ciudadanos de su país), y de persuadir al presidente Putin, inicialmente recalcitrante, a colaborar activamente en la búsqueda del cese de la guerra civil en Siria. Por otra parte, el ascenso del moderado Rouhani a la Presidencia de Irán, por la votación masiva del pueblo persa amante de la libertad y la paz, ya comienza a mostrar efectos alentadores en la diplomacia mundial. Se avanza hacia una correlación equilibrada de fuerzas entre las grandes potencias en el nuevo orden pluripolar. Estados Unidos seguirá siendo potencia número uno, pero ya no hegemón absoluto.

En el plano de la política interna de importantes países, igualmente se avanza hacia saludables equilibrios y diálogos. Alemania celebró elecciones que otorgan un triunfo contundente a la señora Merkel, cuyos méritos de estadista no se pueden negar. No compartimos su doctrina de centroderecha, pero creemos que ella se manejó con gran sentido de responsabilidad y supo resistir las presiones más reaccionarias de sus aliados, los liberales que abandonaron el liberalismo político para abrazar el más rancio neoliberalismo económico, y por ello fueron castigados por el electorado. Ahora se presenta la probabilidad de una “gran alianza” entre los cristiano-demócratas de la señora Merkel y los socialdemócratas que la alentarían a prestar mayor atención a los aspectos sociales y laborales de toda Europa. Las coaliciones entre socialdemócratas y democristianos tienen un largo y honorable historial de éxitos a favor de la felicidad de los pueblos sobre la base de la economía social de mercado. En Venezuela, la realización estelar de esa alianza se dio bajo la forma de la “guanábana” adeco-copeyana en el admirable gobierno progresista de Rómulo Betancourt.

Es impresionante notar cómo Venezuela, en su actual etapa histórica, marcha a contrapelo de la corriente universal dialoguista. Todas las circunstancias objetivas del país –colapso físico, desastre administrativo, quiebra financiera, violencia desatada, corrupción indecible, indignación popular, desprestigio internacional– deberían lógicamente impulsar al gobernante a tender la mano para un gran diálogo nacional. Pero de su boca no salen sino vituperaciones y amenazas. Unamos esfuerzos, de ambos bandos, para superar esto.