• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

Legión de sapos

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Cuando Bolívar estaba entregado de lleno, movido por sus convicciones, a la lucha por nuestra independencia y la exaltación de cuanto definiera claramente nuestra condición de pueblo digno con apego a valores éticos fundamentales, tal vez nos imaginaba felices en goce de tales logros vitales, apuntando a un futuro luminoso.

Supo hacer de lo que pensaba y sentía juicios que devinieron en orientaciones con trascendencia histórica. Un ejemplo de esas observaciones suyas repetidas por siglos dada su validez, es la de cómo el talento sin probidad es un azote; y sin ser posible objetarle el haberse quedado corto en lo dicho, la degradación palpable en esta Venezuela militarizada y saqueada por quienes supuestamente la gobiernan, obliga a sumarle la afirmación de que ello es aún peor cuando a una conducta primaria carente de probidad se le suma, como sucede hoy, tan crasa y vergonzosa ignorancia oficial.

Tenemos ocupando cargos de alta responsabilidad a funcionarios de deplorable mediocridad y mínima formación, pero a los que uno oye opinando desafiantes cual supuestas autoridades en sus campos, siendo ejemplos perfectos de los bio y psicotipos a los cuales cabe decirles viéndolos actuar: “¡pobrecitos!”, calificativo usado por años en el país y forma efectiva de dejarlos en evidencia, pues quedando claro que llamarlos así no es porque carezcan de recursos económicos, sino que obedece a esas otras razones exhibidas como parte de una personalidad, en algo nos ayuda a desinflarles la arrogancia.

En verdad no vale la pena insistir en hacer del tal Maduro un tema, pues ya no hay ninguna revelación que agregar a sus conocidas perversiones, a su necio empeño en ser gracioso, ni acerca de la complicidad suya con otros gobernantes de similar primitivismo que incluyen terroristas, narcotraficantes o impúdicos chulos que viven a expensas de Venezuela.

La “revolución” nos tiene inmersos, cual patrón de Gobierno, en una irrespirable atmósfera de ensañamiento contra quienes la adversen; es así constante la agresión a las universidades y reiterado el desconocimiento de la condición autónoma de las mismas, en pretendida devaluación de su jerarquía académica. En una democracia verdadera, la demanda de respeto para la autonomía de una universidad estaría fuera de lugar, pero no es ese el caso de la Venezuela actual.

La involución del país, su trágico cuan bochornoso hundimiento en tan hondo foso de atraso, en los años recientes de embrutecedor chavismo ha probado ser continua y cada vez mayor, pues no conforme con la siniestra labor de sus aparatos armados y pandillas, el gobierno cada día suma crueles y humillantes agresiones a la población civil, en particular opositora. Ante la situación que padecemos viene a nuestra memoria la publicitada ida hace años de Freddy Bernal a Cuba para –según se informó– ver y conocer de cerca cómo funcionaban los CDR; pues bien, ahora tenemos los nuestros a la cubana, propios, siendo tal vez lo único distinto que no son Comités de Defensa de la Revolución, sino parte del llamado Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria; a partir del cual el atropello exhibe su sello oficial de mecanismo de censura violatorio del derecho a la libertad de expresión e información Y consecuencia de tales medidas aberrantes que los acólitos chavistas califican de legales, todos nosotros, cada ciudadano, por disposición del régimen puede ser (o desde hace rato es) espiado, vigilado, delatado, perseguido y reprimido.

De hecho nada tenemos que celebrar, sí en cambio mucho que enfrentar y derrotar, para bien de nuestra condición humana, de nuestra salud física y mental, de nuestro honor, y del orgullo a sentir por la conciencia del deber ser.