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Cumbre del clima de Lima: es la economía estúpido

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Los delegados que llegarán a Lima para asistir a la cumbre del clima este mes tienen una misión crucial: elaborar el borrador de un nuevo acuerdo climático a concretar en París el próximo año.

Deberían ver esto no sólo como un intento de evitar las consecuencias desastrosas del cambio climático, pero también como una oportunidad para construir economías más sólidas basadas en fuentes de energía limpias y sostenibles, además de enviar una señal clara a empresas e inversores.

Éstas eran nuestras recomendaciones en un informe de la Comisión Global sobre la Economía y el Clima publicado en septiembre y que codirijo  junto al prestigioso economista Lord Nicholas Stern. En él concluimos que reducir el riesgo climático está en el interés de todos los países y que el crecimiento económico y mejora de estándares de vida pueden ser compatibles con reducir nuestra dependencia de actividades que generan gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global

Existen muchas esperanzas en vísperas de la histórica cumbre de Lima que durará 12 días. Estados Unidos y China firmaron hace poco un gran acuerdo bilateral. Por un lado, el gobierno estadounidense se comprometió a recortar sus emisiones de gases de efecto invernadero mientras que China por primera vez aseguró que reducirá sus emisiones a partir de 2030.

Ambas son las economías más poderosas del planeta, y también los dos más grandes contaminantes del mundo. Sin embargo se dan cuenta que está en su interés económico atajar este problema. Las empresas chinas y estadounidenses ya están actuando. Este acuerdo las animará a ser más ambiciosas y aumentar sus inversiones, reduciendo los costes nuevas tecnologías limpias y promover la innovación.

Al poco de alcanzarse este acuerdo, las 20 economías más importantes prometieron aportar casi 10.000 millones de dólares al Fondo Verde para el Clima creado por Naciones Unidas para ayudar a países pobres –muchos de ellos en Latinoamérica– a luchar contra el calentamiento global.

El fondo se creó en la cumbre climática de Cancún en 2010 cuando era presidente de México y cuando demostramos al mundo que era posible alcanzar acuerdos multilaterales como el que necesitamos en Lima y París.

Los países latinoamericanos están liderando el cambio. Uruguay planea generar 90% de su electricidad de energía renovable en 2015, mientras Chile quiere generar una quinta parte de su energía de fuentes renovables de aquí a 2025, además de introducir un impuesto al carbono. México por su parte fue el primer país emergente hace dos años en introducir una ley de cambio climático, buscando reducir en 30% sus gases de efecto invernadero en 2020.

Éstas son todas buenas noticias. Sin embargo sigue siendo vital lograr un acuerdo climático global. El planeta podría calentarse más de 4 grados centígrados a finales de este siglo si las emisiones siguen creciendo al ritmo actual, según la ONU. Esto es el doble de los 2 grados centígrados que los gobiernos en Cancún aceptaron sería peligroso para el clima.

América Latina será una de las regiones más afectadas, amenazando con revertir el crecimiento económico que hemos disfrutado en los últimos años. Las fuentes de agua se están reduciendo en Bolivia a medida que los glaciares en el Altiplano se derriten, las sequías están siendo más extremas y el aumento en el nivel del mar amenaza con sumergir comunidades costeras.

Únicamente marcando objetivos ambiciosos para reducir las emisiones de gas invernadero se podrá hacer que los gobiernos se enfrenten al calentamiento global. A su vez, esto les motivará para sustituir las actuales fuentes de energía basadas en quemar combustibles fósiles e invertir en fuentes renovables.

Además, esto les empujará a construir ciudades más compactas y eficientes basadas en transporte urbano que es menos contaminante y usar la tierra de forma más productiva reduciendo la deforestación.

Sin olvidar por supuesto que esto lanzará una señal clara a las empresas e inversores que la economía global se está encaminando hacia un futuro de bajo carbono, poniendo fin a la actual incertidumbre reinante.

Así que no hay excusa para no actuar. Los líderes latinoamericanos tienen que mirar más allá de sus fronteras y apoyar al gobierno peruano para que la cumbre de Lima sea un éxito. Esperemos que nuestras expectativas se cumplan por el bien de nuestros hijos.

*Ex mandatario de México y presidente de la Comisión Global sobre la Economía y el Clima