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Pedro Llorens

¡Cuidado con un estornudo!

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Con el dúo Diosdado-Nicolás o Cabello-Maduro o Diosdado-Maduro o Nicolás-Cabello, como se presenten: juntos, por separado, uno primero y otro después... en cadena de canales del Estado (es decir, del Gobierno; es decir, del PSUV), terminaremos echando de menos a Corazón de Mi Patria, lo que ya sería el colmo.  

Como su jefe (“¡Comandante en jefe para otra ocasión!”, diría el tuerto rey a sus estrábicos súbditos, incapaces de dirigir los dos ojos hacia un mismo objetivo), ambos se empeñan en confundir izquierda y derecha, proletariado y lumpenproletariado (la capa social favorita del régimen, buena para crear fuerzas de choque), revolución y golpe militar, fascismo y socialismo, y continúan aceptando (al menos por ahora) a La Habana como sede de la toma de decisiones, centro de contrataciones y factoría de leyes.

Diosdado ¿Maduro o Cabello? es el que tiene fama de malo, de Tío Rico, de anticomunista, de antifidelista… y Nicolás ¿Cabello o Maduro? el de que carga gríngolas que le impiden ver otra cosa que no sean los esquemas, lo que está planteado, lo inmodificable porque de aquí pa’lante coincidimos con los oligarcas…

El Gobierno chulo de Cuba está preocupado (lleva 54 años viviendo de otros Estados, antes la URSS-Rusia, ahora Venezuela) porque la desaparición física de Hugo Chávez podría implicar el fin de una relación gitana (engaño con zalamerías) que comenzó por bulerías (palmas) y puede terminar por peteneras (despropósitos)… y el peligro de que la isla vuelva a la inopia (etapa entre ambas chulerías) o a los tiempos en los que el sargento Fulgencio Batista daba golpes de Estado a presidentes y se hacía nombrar a sí mismo… e incluso más atrás, hasta principios del siglo pasado, después de la voladura del acorazado Maine y de la enmienda Platt que daba a Estados Unidos el derecho de intervenir militarmente (lo hizo otras 2 veces) y le concedía bases en Guantánamo e Isla de Pinos.    

Las perspectivas del país regente (Cuba) no son mejores, a corto plazo, que las del nuestro (¿nuestro?), hipotecado de verdad, quebrado, improductivo, arruinado, y con la amenaza de seguir en lo mismo con o sin Corazón de Mi Patria (están buscando el pretexto), con Nicolás o Diosdado ¿Cabello o Maduro?

El autor de esta columna, la última del año (en dos días matriculamos si el hampa lo permite), se declara incapaz de avizorar lo que tenemos frente a nuestras narices, quizá porque éstas tienen ojos pero no ven… y, sin embargo, se atreve a recomendar a todos: “¡Cuidado con un estornudo!”.