• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

Cuestiones de economía

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El panorama venezolano luce desolador. Las políticas anunciadas por el gobierno son cada vez más contradictorias y disparatadas. Son juegos de sombras. Disparos alocados en todas las direcciones. Maduro se divierte moviendo sus piezas ministeriales. Merentes ha entrado y salido del Ministerio de Finanzas y del Banco Central como 500 veces. Cada vez hay menos dólares. Anuncian la apertura del dólar por Internet y de inmediato se hacen los locos.

Entramos de lleno en el circuito infernal de la estanflación. Primero regulan los precios. De esa manera premian al ineficiente y castigan al eficiente.  Esa regulación estimula la venta ilegal y el acaparamiento. La inmensa mayoría de los agentes económicos, mayoristas y minoristas, tratarán de vender fuera de los mercados supervisados. Esto es obvio, la regulación de precios no podría hacerse por debajo del precio de mercado. Para ser una auténtica regulación, digamos, populista y demagógica, tiene que fijar un valor menor de venta que los existentes en competencia. Al ser menor el precio fijado a minoristas y mayoristas, se produce una disminución del rendimiento habitual, muchas veces importante, en sus márgenes de beneficio y en sus utilidades.

Los agentes económicos tratarán claramente de defender su capital, su ganancia y, por lo tanto, esquivarán los sistemas vigilados de distribución y se moverán a circuitos paralelos. La incertidumbre, la inseguridad y el riesgo que ello implica los obliga a vender en esos circuitos “ilegales” a precios muy superiores a aquellos existentes antes de la regulación y la fijación administrativa de precios. Por lo tanto, el mercadeo regular se deprime y comienzan escasez y colas. Ese fenómeno se retroalimenta cada día. Más escasez de los artículos regulados. Y precios más altos para conseguirlos. Un desastre por donde se mire. Altos precios. Desabastecimiento. Matraqueo.

El caso del diferencial cambiario entre el dólar oficial y el no oficial se hace cada vez más grande. Es el mismo fenómeno de cualquier otra mercancía. Si usted viaja con su pareja a España, ambos pasajes en turista, podría invertir alrededor de 30.000 bolívares. Una semana en Madrid en un hotel 3 estrellas se puede contratar por 250 euros. Comidas para ese mismo lapso, cerca de 50 euros diarios, arroja un total de 300 euros. Si usted cuenta con 6.000 euros “cadiviaos” como pareja, le están quedando 5.450 libres de polvo y paja. Paga una comisión por “lavado y planchado de tarjetas” de 15% y todavía tiene un margen de 4.600 euros. Regresa al país y los subasta entre sus amigos, conocidos y parientes. No estoy muy errado si digo que al final, cuando dicha pareja se registre los bolsillos, el “hada madrina” seguramente les habrá concedido una lotería de cerca de 300.000 bolívares. Un promedio mensual de 25 millones de los viejos. Nada mal para una semana.

Y así sucede en cada renglón de una economía con regulación de precios y control de cambios. Pero el asunto tórnase aún peor. El efecto Daka. Cualquier día se aparece un funcionario portando un poderoso carnet y obliga a quien sea, carnicero, zapatero, tienda de ropa y calzado, ferretería, funeraria, a bajar los precios de acuerdo con sus muy particulares cálculos al “ojímetro” Allí no paran, luego le ponen el fúsil regulador a estacionamientos, centros comerciales, clínicas. Una intencionalidad de regularlo todo. Ni alistando un ejército mundial de contadores y economistas se podría establecer con certidumbre los precios “justos de venta” de millares de productos, teniendo como base y parámetro principal 30% de ganancia. Solo determinar si 30% es sobre costo, o sobre venta, o sobre compra, o sobre capital, ya representa casi un imposible.

Entonces, amigos míos, el desastre de inflación y desabastecimiento, de especulación y corrupción seguirá su curso infernal hasta que explote. ¿Que cuándo será eso? Más pronto de lo que usted cree. Un caos como el actual no verá llegar el año 2015.

@ssemt