• Caracas (Venezuela)

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Antonio Ledezma

¡Cuenten todo!

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Ya es tiempo de que lo cuenten todo, con pelos y señales. El país decente, el que sufre los embates de la crisis de los servicios públicos, el que padece los apagones, el que llora a sus muertos a diario cuando se entera de que siguen asesinando a cientos de ciudadanos por cualquier cosa; el que hace colas para todo, para comprar comida, alimentos o para tramitar un pasaporte, espera que, más allá de las cartas y los golpes de pecho, digan la verdad.

Los exministros conocen el monstruo por dentro, porque han vivido en sus entrañas. Saben de esas bajas pasiones, de esos teatrillos que escenifican cuando aparecen hablando del pueblo y de sus compromisos con los desposeídos. Saben que todo eso es mentira. Pura pose y demagogia de la más pura y rancia. Porque al fondo del olvido fueron a parar esos principios –si es que en realidad algún día los tuvieron–, por eso esta seudorrevolución anda perdida en la penumbra de la corrupción.

Pero ya están al descubierto. No se trata de un vago rumor, ni de una efusión que se evapora con las respuestas que ofrece el régimen en sus peroratas comunicacionales, esto resulta ya inocultable, no tienen cómo encubrirlo y se desvanecen ante el hecho más que contundente de que todo está putrefacto. El régimen acusa metástasis. No hay hueso sano. El daño ha sido letal porque el morbo se expandió por los cuatro costados. Porque no se trata nada más de los grandes negociados en las cúpulas, esos trasfondos que han catapultado a los  miembros de una nueva generación denominada  boliburgueses, que también se hacen llamar “revolucionarios”, y quienes hacen todo un espectáculo enrostrándole al mundo entero sus fortunas cosechadas en un  santiamén gracias a los favores del proceso.

Así como se lee, montañas de petrodólares acumuladas con el visto bueno de los grandes jerarcas que han dilapidado el presupuesto nacional, incluyendo la venta de petróleo a futuro, los papeles que han colocado en los centros financieros internacionales, las ganancias derivadas de las devaluaciones a costa de que se hunda el país, y la deuda asumida para que las nuevas generaciones vean salir el sol cuando ya tienen el futuro pegándole en sus espaldas.

Por eso el Banco Central de Venezuela está muerto. Ya es un cadáver insepulto que lo dejan en la acera para poder seguir pateándolo desde Pdvsa. Es la mampara necesaria para seguir el velorio que no es otra cosa que una fiesta encubierta montada con las finanzas de un país que no están invertidas en los sistemas eléctricos ni en las autopistas, ni en las universidades ni en los acueductos, sino que están representadas en grandes mansiones, aviones y yates.

Se trata de la propia orgía a costa de los dineros de un pueblo empobrecido y estafado en lo más profundo de sus sentimientos. Pero las malas mañas están arriba y abajo, y ya socavaron las bases. Por eso también se quejan en los barrios populares cuando se enteran de que los fondos públicos asignados a movientes locales no se invirtieron embaulando la quebrada ni pintando la escuelita de la parroquia, sino que se los embolsaron unos “vivos” en nombre de la revolución.

Todo eso significa que hay trabajo para los tirapiedras del régimen que salen a la arena con sus guarataras a agredir al primero que pase por su frente. Hay que buscar culpables, eso implica inventarlos, y para eso no hay que tener escrúpulos pero sí mucha saña, lo cual implica saberse impunes para mentir, calumniar. La revolución lo justifica todo. Desde maquinar los supuestos magnicidas hasta los continuos golpes de Estado que no dejan que “el gobierno trabaje”. ¡Mentiras, puras mentiras! Ahora bien en eso sí son eficaces los tácticos de este régimen, en inventar pretextos. Por eso ante las declaraciones de sus exministros, retoman las acusaciones contra los dirigentes de la oposición, contra los estudiantes, contra todo el que puedan usar como parte de esos escenarios distraccionistas para desviar la atención de la gente que espera que Giordani, Navarro y Víctor Álvarez digan toda la verdad.

 

@alcaldeledezma