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Nicolás Bianco

Crimen en el quirófano

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El miércoles 2 de julio, en el despacho rectoral, con aplomo y visiblemente conmocionado, el anestesiólogo José Potente narró ante la rectora García Arocha Márquez, el macabro acontecer de dos crímenes ocurridos en el quirófano I y en sus adyacencias, producto de un doble ajusticiamiento (domingo 29 de junio, 8:30 am). Presentes en la reunión, el director del Hospital Universitario, doctor José España; el representante de la rectora ante la Junta Directiva del HUC, doctor Roberto Ochoa; el representante del Ministro de Salud, doctor Humberto Gutiérrez; el decano de la Facultad de Medicina, doctor Emigdio Balda y yo, vicerrector Académico de la UCV.

A pesar de haber vivido, resistido y sobrevivido en estos seis años de gestión a numerosos ataques criminales y terroristas en la Ciudad Universitaria de Caracas, entrever la imagen de un sujeto portador de una carnet de identificación del hospital irrumpiendo en el pabellón quirúrgico, salir para casi de inmediato retornar y acribillar en la cara a un paciente anestesiado y moribundo, mientras el otro victimario a escasos metros, cobraba la vida del hermano del paciente, nos produjo una profunda consternación e indignación. 

La narración incluye a jóvenes colegas (cirujanos, anestesiólogos, enfermeras, en fin) tirados en el suelo tratando de salvar la vida ante la ráfaga de disparos. Y no deja de sorprender el que desde el sexto piso del HUC, los asesinos escaparan no sin antes herir a un trabajador.

Pero no cesa mi indignación porque pocas horas antes de sentarme a escribir estas líneas se hicieron del conocimiento público otros dos horrendos crímenes. Un señor de edad en la Candelaria y la estudiante de la Universidad Católica del Táchira, apuñalada y mutilada salvajemente. Es la Venezuela en sangre, de luto sostenido, en manos de una dictadura vil, corrupta, entreguista y cínica, que difama y miente en la voz de Rodríguez Torres, que emplea sin cesar la miserable matriz de culpar al régimen autonómico de la UCV como común denominador de la violencia y el crimen en la Ciudad Universitaria.

Pero esta vez, la asamblea de residentes, internos, profesionales, docentes, estudiantes, trabajadores les dijo basta al director España y sus funcionarios, que han convertido al HUC en una célula política oficialista, irradiando en el intramuro hospitalario y en las áreas que ocupan el Instituto Nacional de Higiene, la planta de vacunas y otras edificaciones, el delito, el consumo de estupefacientes y hasta la prostitución.

En consonancia con la protesta sostenida de la comunidad hospitalaria que llevó a clausurar la emergencia, está la firme posición rectoral, que le recordó una vez más al director del HUC las medidas claves para acabar o disminuir significativamente con la inseguridad y la impunidad en nuestro campus: portones, puntos de control interactivos y por turnos, reubicación de buhoneros y mototaxistas y, sin duda, el rescate integral del HUC, este venerable hospital que es patrimonio de Venezuela y de la UCV, y que es víctima de otra de esas brutales y destructivas confiscaciones propias del chavismo y del madurismo.

La protesta de la mayoría de la comunidad del HUC y la sólida posición rectoral son ilustraciones de la resistencia democrática basada en la unidad. Que se queden atrás los “dueños de la verdad y los mercaderes”. Solo la unidad nos dará fuerza para acabar con la dictadura. Debe ser un proceso constitucional y civilista, con unas fuerzas armadas que con su respaldo inicien a la vez el proceso de reconquistar la credibilidad que han perdido. La UCV y su Hospital Universitario no se doblegarán jamás.


@nbiancoucv