• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Miguel Ángel Cardozo

Criaturas antediluvianas

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Sí, tal denominación cabe hoy en Venezuela tanto a los que ocupan altas posiciones de poder, desde las que intentan sojuzgar a tirios y troyanos por igual, como a sus recalcitrantes defensores, quienes no son ya –por cierto– la otrora mayoría roja sino un grupúsculo de colaboracionistas que, por abyecta ambición que sus ingratos amos jamás satisfarán, intentan justificar lo insostenible a través de ridículos argumentos pseudocientíficos anclados en aquel dislate ontoepistemológico marxista conocido como materialismo dialéctico –doctrina con la que aún no se ha realizado ningún descubrimiento científico ni de la que ha derivado la primera innovación–.

Son criaturas antediluvianas los supervivientes del cretácico político –y su codiciosa progenie– que por una desventurada concatenación de eventos lograron revestirse con un vellocino que, después de tres lustros de ultrajes y expoliaciones de todo tipo, ya no es capaz de legitimar su perversa actuación ni sacralizar el pernicioso modelo que ha devastado al país y fracturado sus cimientos; un modelo que con tozudez insisten en aplicar como si de una eficaz medicina se tratase, aunque a la vista salte la descomposición que ya exhibía en la inmunda letrina de la que lo tomaron; aquella en la que arroja sus desechos ideológicos el globalizado mundo contemporáneo.

Son criaturas antediluvianas quienes en pleno siglo XXI aún le otorgan el estatus de dogmas de fe a planteamientos como los de Marx –cuyas ideas, fuera de los regímenes socialistas de América Latina y de unos pocos círculos intelectuales tanto de la región como de otras latitudes, no son bien acogidas, ni siquiera por el famosísimo y polémico economista francés Thomas Piketty–, sin apreciar las enormes y nada sutiles diferencias entre los contextos en los que estos se hicieron y la compleja realidad actual, y sin entender que el debate que se desarrolla hoy en todo el orbe no se centra en la conveniencia –o no– de la predominante economía de mercado, sino en la mejor forma de distribuir la riqueza que genera, dado que a falta de esta solo se pueden distribuir penurias; y de hecho, como se desprende de varias de sus declaraciones, Piketty no considera prudente alejarse de ese sistema económico, sino que propone algunas soluciones (?) –aunque a primera vista utópicas– para reducir las desigualdades que en tal marco se producen.

Pero son también criaturas antediluvianas quienes, sin ser parte de las podridas cúpulas del siglo XXI, o en otras palabras, del establishment o nomenklatura criolla –al menos que se sepa–, se han anquilosado en sus posiciones en los ámbitos político, académico e industrial, impidiendo que jóvenes bien formados y con la disposición de coadyuvar a la construcción de una mejor Venezuela, ocupen espacios estratégicos y tengan acceso a los recursos con los que puedan hacerlo.

Esto último, en particular, es quizás el peor y más recurrente error en la historia del país, ya que con frecuencia el egoísmo se impone –por aquello de “tu brillo me opaca”– y sistemáticamente se le niega al nuevo talento la posibilidad de constituirse en promotor y conductor del progreso nacional.

O cómo aspiran los venezolanos, por ejemplo, a que las innovaciones locales surjan y proliferen si a los jóvenes que intentan generar conocimiento en contextos de aplicación y desarrollar novedosos bienes y servicios que hagan competitivo al país en el mercado global, se les pretende –en el mejor de los casos– subordinar a los caprichos de mediocres, envidiosos y resentidos que en universidades –públicas y privadas– y empresas –incluyendo las estatales– se dedican a enlodar reputaciones y obstaculizar carreras.

A ellos les cabe el epíteto “antediluviano”, por cuanto contribuyen de manera significativa al sumergimiento del país en un atraso cuasiprehistórico, al modo en que lo hacen quienes, lejos de diseñar políticas que realmente impulsen la actividad científica e innovadora en Venezuela, la desincentivan con irrisorias subvenciones –como las de 2.400 bolívares trimestrales destinadas a los acreditados en los primeros niveles del Programa de Estímulo a la Innovación e Investigación– y con la dilapidación de recursos financieros en proyectos poco relevantes pero que se promocionan en sitios web oficiales como el non plus ultra de la ciencia venezolana.

Sin duda son criaturas antediluvianas, como lo son aquellos que creen que calidad educativa es sinónimo de homogeneización del pensamiento, o como los que se felicitan por el supuesto logro de una cobertura universal de salud que aseguran evidenciada en los cientos de millones (?) de consultas de años recientes, aunque no se preocupan en determinar la eficacia de las intervenciones realizadas y olímpicamente ignoran las enfermedades y muertes evitables que han aumentado de manera exponencial, sobre todo en los últimos meses.

Son, junto a muchos otros, genuinos exponentes de una idiosincrasia que –por nuestro bien y el de las próximas generaciones– debe ser transmutada en valores, actitudes e ideas que hagan posible esa mencionada construcción de un mejor país.

Por lo pronto, como bien se señala en el editorial de El Nacional del 18 de julio del corriente, el régimen “se aferra a un recetario anacrónico en nombre de una supuesta herencia revolucionaria que sólo [sic] es peso muerto y, […], delega su prescripción en la gerontocracia cubana, presidida por el comandante Vinagreta”.

¡Hablando de criaturas antediluvianas!

@MiguelCardozoM