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Valentina Quintero

Crasqui es para quedarse y estrenar la playa

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José Félix goza la vida silvestre de Crasqui desde que sale el sol / Pisapasito

José Félix goza la vida silvestre de Crasqui desde que sale el sol / Pisapasito

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Ambrosia Mariño llegó desde Boca del Río a Crasqui acompañando a su marido Luis Marcano, el famoso Guachín. Era ciega, pero andaba por todo el rancho guiada por una cuerda. Cuando quería darse baños de mar, su marido la amarraba y la dejaba remojándose hasta que sentía el jalón de la cabuya. La señora ya estaba satisfecha de sal y arena. Primero se instalaron por donde está la mata de coco cerca de Forita, pero el rebozo se llevaba las embarcaciones, así que se mudaron más allá. Su hija fue Amanda Marcano, quien consiguió la primera figurina haciendo un hueco para sacar agua. Se la dio a los arqueólogos. Murió de cáncer de pulmón a los 57 años de tanto cocinar en un reverbero de kerosén.

Son los abuelos y la madre de Lipe y Guayo, ambos con sus ranchos en Crasqui. Uno se llama Rancho de Lipe y el otro Rancho Agua Clara. En ambos sirven comida y atienden a quien llega con verdadero esmero y genuinos sabores locales. Otilio se mudó a Crasqui en 1974 cuando lo sacaron de Esparqui porque se declaró zona de protección integral hasta Sebastopol. Unos pescadores se instalaron en Cayo Pirata y otros fueron a Isla de Locos. Aquí vive con Otilia en su rancho, ofrecen comidas en un espacio precioso donde es notoria la presencia femenina. Forita es un clásico de Crasqui. Tiene el restaurante más grande y con mayor tradición. Sirve su pescado fresco, ensalada rallada, arroz amarillo y unos atómicos ponquecitos. Encima tiene el detallazo de ofrecer chinchorros para la siesta y alquila kayaks.

Ellos son los habitantes históricos de Crasqui.

Camucha hace ricas empanadas y le cuida el rancho a Alexandra, la dueña de una posada en el Gran Roque. Hay una pareja que tiene un rancho precioso junto a Lipe. Vienen con frecuencia y lo mantienen impecable. Félix Iriarte trabajaba con la Fundación Los Roques en Dos Mosquises. Extraña su labor con las tortugas y el aprendizaje junto a los biólogos. Vive en un rancho por aquí junto con su esposa y dos hijos. Cuando puede hace comidas y las ofrece a la visita.

 

El primer campamento en un cayo. En los años noventa María Eugenia Joya obtuvo una concesión para montar un campamento en Crasqui. El arquitecto fue Jorge Rigamonti. Se ganó un premio por respetar el espacio. Por permitir que el viento hiciera felices a los huéspedes en las carpitas con puertas y ventanas de romanilla y en el restaurante y la cocina abiertos al paisaje. Por dejar que trasladarse de un lado a otro fuera una ricura, pues diseñó caminerías que no se calentaban y salvaban de los cadillos. Tuve la dicha de hospedarme allí varias veces. El financiamiento lo dio el Banco de la Construcción, operaba la cadena Sunchichi. Vino una de esas debacles financieras, Fogade se quedó con el Camping Crasqui en pleno funcionamiento de su primera etapa, la gente de Sunchichi trató de mantenerlo, hizo las diligencias para que Inparques lo administrara, pero más pudo la desidia que nos aplasta. Es doloroso ver las ruinas. Se llevaron todo.

Cuentan en Crasqui que hace unos meses llegó una fiscal del Ministerio Público anunciando que sacaría a todo el mundo de Crasqui. Lo gritaba por el teléfono a un interlocutor desconocido. Después no se supo más nada. Es la estrategia de la incertidumbre que le encanta aplicar a este gobierno. Las posadas en el Gran Roque tiene las concesiones vencidas, pero no hay manera de que las renueven. El plan es tener a todos en la ilegalidad para sembrar el terror y que nadie se queje.

¿Qué tal si se oficializa el hospedaje en Crasqui tomando como antecedente el permiso otorgado en la década de 1990? En lugar de amenazar con desalojos a quienes nacieron aquí. Vamos a reglamentarlo. Otorgar permisos con normas, obligaciones y los impuestos que corresponda. Un máximo de habitaciones, de baños y restricciones para la planta. Mucho rigor con la basura y las aguas servidas.

Se cuenta también que hay un plan para un campamento inmenso. Que ya hicieron los estudios de suelo. ¿Por qué puede haber un hospedaje inmenso pero no se les concede el derecho a pocos pescadores, habitantes de toda una vida, para hacer un hospedaje genuino, amable, sencillo, parecido a Crasqui?

 

El amanecer. Adoro amanecer en Crasqui. Lo prefiero mil veces a quedarme en el Gran Roque con el estruendo de plantas y el olor a gasoil. Me levanto muy temprano y estreno el mar. Le doy la vuelta al cayo. Camino completica su laguna transparente que termina en mar azul intenso con sus paredes de mangle muy verde. Luego sigo hasta Playa Norte, pequeñita y con olas. Compartimos con los pescadores de pez ratón que deliran con esa transparencia. Conversamos con Forita y probamos sus ponquecitos. Nos acercamos a Otilio que casi nunca se quita sus lentes oscuros. Visitamos a Guayo, su niñita y su esposa que todavía sufre los dolores de la chikungunya. Probamos las empanadas de Camucha. Comemos suculento en el Rancho de Lipe atendidos por él y Alejandra. Langosta grande recién sacada de la nasa, sashimis de algún pescado con apenas horas afuera, un corocoro frito, un ceviche, unos tostones perfectos, arepitas asadas o fritas o un pescado a la brasa. Nunca dejamos de ver y oír el mar. Esa ola muy leve que apenitas llega. Unas muchachas preciosas se toman fotos para mostrar una nueva colección de trajes de baño de una diseñadora local. José Félix camina su libertad de niñito silvestre por toda la playa. Tiene 3 años, es tremendo conversador, le gustan las empanadas de queso y no se baña mucho en el mar. A media mañana empieza a llegar la visita. Se instalan bajo las sombrillas con litros de protector, caminan buscando algún menú atractivo, se bañan muchas veces y a las 4:00 de la tarde los buscan para regresar a sus posadas en el Gran Roque. Crasqui se queda inmóvil para los pocos privilegiados que pasaremos la noche aquí, en silencio, con las estrellas como techo.

Aplaudo el plan de convertir a Crasqui en un hospedaje sencillo, genuino, muy pequeño, con rígidas normas que lo cuiden y lo mantengan tan sanito como nació. Como Dios lo hizo.

 

Datos vitales

 

Forita

Restaurante

 

Rancho de Don Otilio

Olivia

Oliviamedina61@hotmail.com

Teléfono: (0424) 418 6694

 

Rancho Agua Clara

Guayo y Nora

Facebook: Rancho Agua Clara

 

El Rancho de Lipe

Lipe y Alejandra

Facebook: Rancho Don Lipe

Teléfonos: (0414) 291 9154/ (0424) 244 3718