• Caracas (Venezuela)

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Valentín Arenas Amigó

Corto y picante

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La guerra económica es otra propaganda más del régimen para ocultar el fracaso del modelo económico impuesto que destruyó con el sector privado la producción de bienes y servicios. La realidad del fracaso es de tal magnitud que tienen que cambiarlo, no saben por dónde empezar y mientras tanto defienden este desastre como pueden inventando esa "guerra económica" como una propaganda más para esconderlo. Los Estados existen para lograr el bien común de toda la sociedad civil y sus ciudadanos. El Estado no se creó para beneficio de unos pocos mientras la mayoría no tiene la vida segura y, además, pasa hambre. Si esto es revolución, hay que cambiarle el nombre y llamarle destrucción. Así no engañan más al pueblo.

Cadenas vs No hay. Las cadenas cansan y aburren, los homicidios continúan y no hay autoridad que le garantice la vida al venezolano; la comida escasea y las colas se mantienen para encontrar algo qué comer; faltan medicinas y esto pone en peligro la vida de muchos venezolanos que la necesitan; el régimen vive de la propaganda, pero esta no le garantiza ni la vida, ni la comida ni las medicinas al ciudadano. La propaganda con los medios tomados cumplen la función de una droga que busca hacer que el ciudadano escape de la realidad que está viviendo, pues la lleva al sepulcro. Más de 250.000 venezolanos perdieron la vida asesinados. La revolución no los va a resucitar.

La salida es que la voluntad soberana del pueblo pueda manifestarse a través de elecciones trasparentes –vía electoral– o con una masiva manifestación pacífica en las calles, vía protesta. Venezuela tiene una cultura democrática y la democracia se practica con elecciones libres o protestando en las calles. Corresponde al régimen decir cómo prefiere conocer cuál es la voluntad del soberano pueblo venezolano: ¿urnas o calle?

Montaje institucional. En Venezuela las instituciones públicas no son autónomas sino simples secretarías –legislativa o judicial– del Ejecutivo a las que le conservan el nombre de Asamblea Nacional y Tribunal Supremo de Justicia para simular que existe la democracia que destruyó un régimen autocrático. Lo mismo sucede con el CNE que en una democracia verdadera actúa con autonomía y aquí es una simple secretaría electoral del Poder Ejecutivo que es el que decide las elecciones finalmente. Antes era Hugo y ahora es Nicolás. Cambiaron las personas pero el "montaje" es el mismo. A la Constitución se le menciona constantemente y se la viola tanta veces como se la menciona. El pueblo lo aprobó como norma suprema pero en la práctica la interpreta y la viola el Poder Ejecutivo cuando quiere y como quiere. Otro montaje más.

El consumidor es la víctima tanto en el capitalismo como en el comunismo. El primero abusa con los precios y el comunismo lo condena a pasar hambre porque es un modelo que no produce riquezas sino pobreza. Cuando se vive en un sistema capitalista el consumidor tiene que defenderse del productor, pues ganar siempre más es su meta; y cuando se vive bajo el comunismo puede usted conseguir algunos bienes, pero el consumidor, cuando los encuentra haciendo colas, no tiene con qué pagarlo, pues perdió el empleo. Revolución es desempleo, escasez y hambre. Hay que promover un sistema político que porque valore a su ciudadano como la persona que es, lo respete.

Profesor de Instituciones Políticas de la UCAB

alenri@gmail.com