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Luis Ugalde

¿Corrupción invencible?

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El político Gonzalo Barrios hace unas décadas sentenció agudamente que en Venezuela se roba porque no hay razones para no hacerlo. Lamentablemente, los hechos parecían darle la razón. Más adelante, un Presidente desde su solemne tribuna “revolucionaria” afirmó que en Venezuela muchos tenían justificadas razones para robar. Ahora, desde el Gobierno, se dice: “Si no acabamos con la corrupción, ella acabará con nosotros”. ¿O ya lo hizo?

Es un chiste decir que Maduro y su predecesor no han podido combatir la corrupción  porque la población y la Asamblea Nacional no les han dado un especial poder habilitante para legislar.

Corrupción no es solamente el robo, es también el nepotismo que ha florecido de manera frondosa y descarada en los últimos años, empezando por la familia presidencial. Corrupción es el nombramiento de personas incompetentes e ineptas para los cargos por el mero hecho de ser leales a la “revolución”. En consecuencia, en sus manos se hundirá esa empresa, ministerio o instituto. Corrupción es apropiarse del poder judicial para ayudar a los míos y a la “revolución”, y perseguir a los otros. Corrupción es despojar a la mitad del país de su condición respetable por no ser del partido oficial, ni comulgar con el fracasado modelo soviético-cubano, y es elaborar listas para expulsarlos de su trabajo y convertirlos en delincuentes “fascistas” y “lacayos del imperialismo”. Corrupción es desviar los ingresos petroleros en lugar de invertirlos para incrementar la capacidad productiva nacional de bienes y servicios prioritarios y generar más trabajo fructífero. Corrupción es no producir para 70% más pobre del país una educación de calidad que les permita salir de la pobreza y disuadir a los que tienen vocación de educadores con una descalificada carrera y pobremente remunerada; es dejar que los hospitales públicos se caigan a pedazos, abandonar las políticas de salud, pagar una miseria al personal y empujar a los médicos fuera del país. Corrupción es tratar los bienes públicos como botín privado de un grupo que se los apropia para sí y los suyos, y con especiales facilidades e impunidad para los que ejercen altos puestos.

La corrupción no es una fatalidad sino la falta de voluntad eficaz y competente para vencerla por su carencia de virtudes públicas, transparencia y sanciones. Cuando la sociedad y las empresas están ante funcionarios que se compran y venden, la corrupción se vuelve ley porque, como dijo Guzmán Blanco: “Aquí ningún negocio prospera sin mi bendición, ni fracasa si yo participo y respaldo”. La oscuridad y falta de transparencia, cultivadas sistemáticamente en las finanzas y presupuestos multimillonarios son criaderos de corruptos. Si además le preparamos el piso cultural haciendo creer que somos un país riquísimo, donde lo público no cuesta sino que llueve del cielo, fomentamos la cultura del saqueo y de la corrupción.

Si los recursos son abundantes como el aire, no es delito despilfarrar, sin ahorrar, invertir, sin  crear, sin rendir cuentas, sin producir ni administrar bien. Éste es el mejor terreno para que la población tolere y cultive la corrupción y la apropiación de lo público, siempre que se deje algo para los demás. Corrupción es impedir que se enseñe en la escuela el “no matarás”, “no robarás”, “amarás al prójimo como a ti mismo”; es también anunciar una Constitución como “la mejor del mundo” y violarla cuando impide adueñarse del poder y perpetuarse en él. Corrupción es obligar a los medios de comunicación social a deformar y ocultar la realidad o vender lo falso como verdadero.

Se me acaba la página y no puedo mencionar los cientos y cientos de casos escandalosos y multimillonarios que se han denunciado y no han sido investigados porque son de “nuestro bando” (ver el Estado Delincuente de Carlos Tablante y Marcos Tarre Briceño).

¿No les parece una tomadura de pelo decir que con todo esto el Ejecutivo nada puede hacer sin poderes especiales “habilitantes” para el Presidente y si la Asamblea no le concede sus funciones de legislar? ¿No sería mejor que renunciara si no puede?

La primera fuente de anticorrupción es la responsabilidad ciudadana y el respeto a la dignidad de los venezolanos con la profunda convicción de que los actos de robo, corrupción y asesinato son atentados a la vida digna de los venezolanos, sobre todo de los más pobres. Es lamentable que estas cosas tan sencillas y evidentes se conviertan en politiquería y nos quieran tapar el sol con un dedo.