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Francisco Layrisse

Convivir y polarizar

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A raíz de las recientes elecciones en el vecino Brasil, los distintos analistas políticos brasileños al igual que relevantes figura de la política en ese país se han apresurado a declarar que esa nación no será víctima de la polarización política, tal como ha ocurrido en Venezuela. De igual manera, es señalada en nuestro país la polarización como una de las causas más profunda al intentar explicar la descomposición que cubre casi todos los aspectos de la vida de los venezolanos.

Lo que se observa en un mundo cada vez más globalizado, más competitivo y competido es una marcada tendencia a las economías de escalas, a la economía del voto, a la reducción de opciones por niveles. Quienes propulsan los principios de la economía de mercado en muchas oportunidades se encuentran con cambios de monopolios estatales a monopolios o cuasi monopolios privados, o con una frecuencia cada vez más preocupante de oligopolios transnacionales cuyos intereses rebasan los de sus países de origen. No hace muchos años se hizo famosa aquella expresión de lo que es bueno para las grandes automotrices norteamericanas era bueno para el gobierno norteamericano. Hoy día vemos cómo los intereses geopolíticos del gobierno americano en su relación con Rusia no están alineados con los intereses económicos de las grandes petroleras norteamericanas y europeas en su relación con el gobierno ruso.

Los resultados electorales en los distintos países del mundo se van estrechando, ya no es posible hablar de palizas electorales en casi ningún ámbito de las sociedades modernas. Las diferencias entre ganadores y perdedores nos dice que en realidad hay dos perdedores o dos ganadores. En virtud de ello es posible hablar de un mundo más y más polarizado, esto no es necesariamente negativo y en mi opinión presenta aspectos más positivos que negativos. Los balances y contrabalances se facilitan en ese resultado estrecho. Las mínimas diferencias constituyen el estímulo mayor para identificar partes comunes, para lograr mecanismos de convivencia y respeto mutuo.

Lo terrible e indeseable no es la polarización per se, lo terrible es cuando las sociedades carecen de valores, de respeto mutuo. Lo terrible es cuando el ganador, por estrecho o amplio que sea el margen obtenido, descalifique, irrespete, agreda al perdedor. Lo terrible es cuando los árbitros institucionales se corrompen perdiendo lo que a mi juicio es la pieza fundamental en el progreso, respeto a sus pobladores. Es inaceptable que se privilegie la lealtad frente a la honestidad. No es posible concebir una sociedad moderna, humanista con un Poder Judicial comprometido con otro valor distinto de la honestidad, del profesionalismo, de la justicia, de un profundo respeto por el hombre.

La polarización en los deportes es creciente, sin embargo, sus dirigentes han logrado contenerla, convivirla, mediante la institucionalización de sus reglas, sus árbitros. La convivencia venezolana en los deportes es simplemente una muestra de que a pesar de cualquier diferencia podemos continuar jugando porque todos respetamos las reglas y el ganador del campeonato no puede cambiarlas para el próximo.

Convivir no significa pensar igual, ni siquiera parecido; significa respeto mutuo, alinear la mayor cantidad posible de cosas en común, significa la creación de los mecanismos idóneos para resolver las divergencias, significa sumar entre las partes aceptando que no todos los aportes pueden ser iguales. Convivir es aceptar contabilidad de errores, pero también exigir contabilidad de aciertos.

Varios grupos, tanto de la oposición como del gobierno, ven con horror, con pánico, la simple posibilidad de un mínimo de convivencia, son muchas las ofensas, agresiones, irrespetos y en general toda clase de epítetos y acciones las que se han ejecutado a lo largo de estos cuatros lustros. No obstante lo anterior, tenemos que ser consecuentes con lo que pensamos y decimos. Quienes no están dispuestos a convivir, a respetarse mutuamente, deben pasar al siguiente estadio y procurar por cuanto medio sea posible la eliminación del otro.

Creo que la inmensa mayoría de los venezolanos somos pacifistas, dispuestos a encontrar bases comunes por el bien de nuestro país y de nuestra gente. La negativa al diálogo sincero, al respeto desde las más altas autoridades del gobierno nacional y de los partidos que lo apoyan, aunado a pequeños grupos radicales opositores, nos destruirá a todos. Todavía tenemos tiempo de evitarlo.