• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Beatriz de Majo

Controles e inversión

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Gobiernos como el nuestro son en esencia impositivos y penalizadores, generadores de temores e inhibidores de la libertad, poco transparentes y manipuladores. En las formas de operar de estos socialistas dogmáticos hay de por medio una especie de reconocimiento de que si no es a través de la férrea imposición de controles para restringir y asfixiar el desenvolvimiento ciudadano y el de las empresas, las normas que se dicten no van a ser pacíficamente abrazadas. Es por ello que en el discurso de los líderes revolucionarios los insultos, las amenazas, la oferta lapidaria de sanciones deben estar siempre presentes.

La política cambiaria recién anunciada, la política comercial que le será adosada y los controles a las utilidades de los negocios, son la mejor demostración de que no puede normarse con holgura la transformación que el país clama. Esta transformación debe revestir la forma de una camisa de fuerza para que pueda funcionar, en su opinión. Además, no debe revelarse a los gobernados el fin último perseguido sino debe rodearse la estrategia de un morboso misterio. El caso es que estamos desde esta semana frente a un proceso creciente y programado de devaluación de nuestro signo monetario y frente a mayores y más sofisticadas vías para instaurar calles ciegas al desarrollo de la empresa privada en el país. A esto, en síntesis, se ha circunscrito la nueva política económica que con tanta fanfarria se ha anunciado y que el país esperaba con inquietud.

Lo dramático es que pueda pensarse, dentro del liderazgo revolucionario, que tal turbio esquema pueda convertirse en el ambiente dentro del cual los particulares y las empresas se animen a arriesgar sus dineros en Venezuela, como inocentemente lo anuncia el presidente. Ante una tasa de cambio cuya evolución y alcance se ignora; ante la incapacidad material de importar insumos para sus procesos, o productos para comercializar; ante las limitaciones prometidas a las utilidades; ante la imposibilidad real de remitir las utilidades al exterior; ante una esquema laboral penalizador de la actividad productiva, ¿cómo puede este gobierno pretender que el esquema anunciado es uno en donde cualquier inversionista se sentirá cómodo? Alguien tendría que explicarle a quienes manejan el país que la condición básica de quien invierte es poder planificar en primer lugar, y en segundo, hacerlo dentro de un ambiente donde se actúa con estabilidad y transparencia.

Así pues, lo que tenemos en el panorama es un proceso acelerado de desabastecimiento y carestía que la población cada día asimilará peor. Más grave que todo ello es que no hay corrección del rumbo: está pasión controladora determinará la incapacidad de recuperar el ritmo de crecimiento por la vía de la llegada de nuevos capitales que le inyecten dinamismo a las actividades susceptibles de convertir a este país en uno menos dependiente del petróleo.

Controles e inversión no comen juntos en el mismo plato.