• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

Contradicciones opositoras

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La oposición venezolana vive hoy un momento de definiciones con respecto a la estrategia política a seguir  frente al gobierno del presidente Nicolás Maduro, y todo apunta a que en su seno se aviven contradicciones marcadas fundamentalmente por la disputa en torno a quiénes asumirán el liderazgo . 

Hay un sector opositor que busca nuevamente un camino “fast track”, bajo el argumento de que no hay otra salida sino ponerle punto final al gobierno de Maduro. Es, palabras más palabras menos, la reedición del “Chávez, vete ya”, de ingrata recordación y de pésimos resultados para la desaparecida y derrotada Coordinadora Democrática.

Es una jugada de doble propósito. Por una parte busca calentar la calle, retomar la iniciativa política frente al gobierno, y, por la otra, horadar el liderazgo de Henrique Capriles, a quien cada vez con menor disimulo el ala radical de la oposición le pasa la factura de la derrota electoral y política del 8 de diciembre pasado, y de lo ocurrido después de las presidenciales de abril.

Ese sector trabaja en una agenda destinada a producir un cambio de gobierno a corto plazo, camino que el propio Capriles ha descrito como un callejón sin salida. Y si no pueden lograr desalojar a Maduro de Miraflores, porque carecen de fuerza y respaldo para ello, pues al menos querrán mandar a las duchas al dos veces candidato de la MUD. Capriles ya siente la amenaza de “aliados” dispuestos a clavarle un cuchillo, tal y como lo ha dicho públicamente.

Para ese sector, liderado por tres aspirantes presidenciales, María Corina Machado, Leopoldo López y Antonio Ledezma, el diálogo no está en el orden del día. La tarea es calentar la calle, restarle espacio y fuerza a cualquier iniciativa que se traduzca en diálogo y eventuales acuerdos para enfrentar los serios problemas que tiene el país. Es una política, una actitud, una estrategia que se acerca más a la aventura, a la impaciencia que a la construcción de una real y democrática alternativa de poder.

Es cierto que los problemas del país son muy serios, sobre todo en materia económica, pero también lo es que lo último que puede ayudar a resolverlos es agregarle al cuadro un escenario de confrontación, que daría al traste con la posibilidad de alcanzar consensos para enfrentar con decisión y coraje la delincuencia, por citar una de las amenazas más severas que enfrentamos todos los días.

La lucha por la hegemonía en el conglomerado opositor es inocultable. Eso es absolutamente natural, sobre todo después de varios reveses electorales y políticos, pero lo discutible es que para alcanzar ese objetivo se intente promover la idea de que la vía para la solución de los problemas de Venezuela es abreviar o ignorar lapsos y premisas constitucionales. Ya los venezolanos hemos visto esa película y sabemos el desenlace.

Otros líderes opositores como Henri Falcón e Hiram Gaviria también han marcado distancia de la idea de calentar la calle y subir los decibeles de la confrontación. Y lo hacen en sintonía, pienso yo, con la mayoría de los venezolanos que apuesta por soluciones, que aspira a tener seguridad, a contar con una mejor calidad de vida y a robustecer sus esperanzas en un futuro de bienestar. El diálogo es parte de la política, es una herramienta que no puede estar sometida a chantajes de ninguna especie. Y las grandes mayorías esperan tanto del gobierno como de la oposición un comportamiento a la altura del desafío que tenemos por delante como país.

Más diálogo y menos confrontación es lo que necesita Venezuela. No es la hora de los cabeza caliente de uno u otro signo.