• Caracas (Venezuela)

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Víctor Rodríguez Cedeño

Contradicciones y desaciertos

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La  política exterior del régimen bolivariano, elaborada a puerta cerrada, ausentes los distintos sectores nacionales interesados, aunque no por ello improvisada, se funda en intereses exclusivamente ideológicos o partidistas y no en los intereses del Estado, lo que compromete de manera muy seria las relaciones internacionales de la República ahora y después.

Las posturas asumidas por el régimen bolivariano han sido siempre contradictorias y oportunistas además de falaces, aunque persiguen un fin: la expansión del fracasado proyecto político y social que insisten por todos los medios en imponer adentro. Así lo vemos en el ámbito de los derechos humanos, ante la situación en el Medio Oriente, en relación con las crisis que afectan el mundo, en la lucha contra el narcotráfico y otros crímenes internacionales. Un común denominador ya inconsistente: la lucha contra el “imperio americano”, aunque contradictoriamente abran espacio a otros “imperios” especialmente extrarregionales, China y Rusia. Hoy pareciera que estamos presentes, por ese ruido con olor a petróleo; pero en realidad estamos ausentes.

Sin dejar de lado las críticas que pudieren formularse sobre las prácticas y excesos de ambas partes en la crisis de Gaza, contrarios a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario, Venezuela debería mantener una posición equilibrada, como en épocas pasadas cuando con menos ruido se ocupaban espacios políticos importantes cónsonos con los intereses nacionales. El irrestricto apoyo a Hamas y los ataques desmesurados a Israel contradicen esa política. La acusación que hace Venezuela a Israel en el Consejo de Derechos Humanos de llevar a cabo una “guerra de exterminio” contra el pueblo palestino es simplemente provocadora, impropia de nuestra diplomacia y más aun de un país que pretende ingresar al Consejo de Seguridad de la ONU cuyas posturas deben reflejar sensatez y ánimo conciliatorio.

También en la crisis en Ucrania motivada por los separatistas apoyados por Rusia, de nuevo el régimen pierde su imparcialidad al comprometerse públicamente con una de las partes. Mas grave ha sido atribuir el derribamiento del avión de Malasyan Airlines a Estados Unidos. Una aberración sin precedentes salpicada de la mayor temeridad. La posición de Venezuela en relación con la situación en Ucrania es igualmente contradictoria. Al momento de lamentar los hechos, el régimen  apoya a los separatistas pro rusos inmiscuyéndose así en los asuntos internos de ese país. En el Comunicado de la Cancillería se dice que  la estabilidad es necesaria  “para que los pueblos de Ucrania pueden vivir en armonía y en paz” , un espaldarazo a los separatistas y a Moscú, lo que contradice el principio tantas veces argumentados en otros escenarios, de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados.

No solo en forma activa el régimen incurre en contradicciones y desaciertos. También por omisiones, sean voluntaria o no, se cometen errores graves que afectan la soberanía y la integridad territorial tan defendida cuando les conviene, en otros espacios y circunstancias. El caso del Esequibo es particularmente grave. La política del régimen responde a intereses no nacionales. El silencio ante actuaciones de Guyana en relación con el territorio en reclamación podría tener consecuencias jurídicas contrarias a nuestros intereses. Desde luego, no todos los actos y comportamientos pasivos del Estado o las torpes declaraciones de quienes representan hoy el país pueden tener consecuencias jurídicas. Eso sería aceptar y favorecer las tesis de Guyana. Será difícil, a pesar de la irresponsabilidad del régimen bolivariano en este ámbito, demostrar en alguna instancia que tales actos y declaraciones pueden constituir el reconocimiento de pretensiones de Guyana.

Lo cierto es que la política exterior de Venezuela responde hoy a intereses partidistas e ideológicos y no a los intereses nacionales, lo que deberían considerar  los otros Estados al momento de suscribir acuerdos o de concluir negociaciones de cualquier índole pues un cambio político podría implicar la revisión de las políticas y de los acuerdos, desde luego, siempre de conformidad con el derecho internacional.