• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

Contrabando y captahuellas

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              Es innegable que el contrabando de extracción es uno de males que afecta la salud de la economía venezolana. La gasolina, sacada del país en cantidades indeterminadas, y conducida a países vecinos  por los llamados caminos verdes y también “azules”(vía marítima y fluvial) se ha convertido en un negocio tal vez más rendidor que el aborrecible narcotráfico.  A eso se le suma el negoción que representa la fuga  de productos destinados al consumo interno. No hay manera sensata de tapar con un dedo esa verdad del tamaño de un sol. El contrabando es, definitivamente, una de las gangrenas que nos amenaza.

             La otra gangrena es la de la corrupción, gracias a la cual estos negocios “fronterizos” tienen éxito. El contrabando, sea de gasolina , de alimentos u otros bienes, sólo es posible por la acción coordinada de mafias binacionales conformadas por particulares y por funcionarios civiles y militares. Quienes vivimos en la capital del país poco sabemos de esta realidad, pero con ella conviven diariamente los ciudadanos que habitan nuestras fronteras. Allí es vox populi no sólo cómo ocurren estos hechos sino quiénes los promueven, los facilitan y los encubren.

        Si el gobierno en verdad está decidido a llegarle hasta el hueso a este cáncer será una verdadera guerra en la cual, como ocurre con el narcotráfico, nunca se sabe a ciencia cierta dónde está agazapado el enemigo. El asesinato del mayor Raúl Antonio Bracho es la muestra de que las mafias del contrabando harán resistencia frente a quienes pretendan arruinarles sus operaciones “comerciales”.

            Sin andar por las ramas hay que apoyar estas iniciativas destinadas a combatir y erradicar el contrabando. Es importante pararle  el trote a los contrabandistas de lado y lado. Pero esa operación no tiene gracia si no se mete tras las rejas a los capos de este “oficio”, funcionarios públicos civiles y militares que hacen el negocio de su vida. Es allí donde toca a los organismos de inteligencia poner en tensión sus capacidades. Es imposible creer que el negocio en cuestión puede marchar sin “peces gordos” que le den el visto bueno y formen parte del festín con jugosas comisiones. Tiene que haber una clara señal de que no hay intocables.   Si  sólo caen las sardinas  los peces gordos  buscarán la manera, y la encontrarán,  de seguir haciendo de las suyas.

     El otro aspecto del problema es que seguimos a la espera de un plan de recuperación económica que permita avistar caminos seguros para derrotar la inflación,  estimular y aumentar la producción nacional y garantizar el pleno abastecimiento de productos para satisfacer, al menos, la demanda interna. Aún no se ha puesto en marcha el llamado sistema biométrico en los establecimientos de venta de alimentos y existe en la población escepticismo y rechazo a iniciativas que se traduzcan o estén emparentadas con cualquier forma de racionamiento o restricción. 

         No sé si quienes toman las decisiones en este campo han evaluado con seriedad el alto costo político que ya implica la aplicación de estas medidas y el riesgo de que se traduzcan en un fracaso de terribles consecuencias para todos. La “controlitis” puede terminar convirtiéndose, si ya no lo es, en una peligrosa desviación, sobre todo si se subestima la necesidad de cambios estructurales en las políticas públicas. No se trata de entregarse a los brazos del neoliberalismo, de soltarle las amarras a cualquier control, pero sí de actuar de acuerdo con lo que exige la realidad económica del país. ¡Cuánta falta hace el diálogo nacional sobre este y otros temas!

       VITICO

                El pasado fin de semana falleció en esta ciudad el colega periodista Víctor Rodríguez Coa, ex secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, con quien compartimos actividades profesionales en el Diario de Caracas y espacios de lucha gremial.  A sus familiares les reiteramos nuestras condolencias. Paz a sus restos.