• Caracas (Venezuela)

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Antonio Ecarri

Continúa el engaño a los trabajadores

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Es increíble cómo este Gobierno desprecia la inteligencia de sus conciudadanos en general y de los trabajadores en especial: desde el engaño que hicieron con la truculenta nueva Ley Orgánica del Trabajo, hasta la demagógica y falaz oferta de pagar la inmensa deuda que tiene el Estado con quienes se ganaron la vida con el sudor de su frente hasta la ancianidad y que se ha acumulado durante estos catorce años, y que ofreció pagarla, ahora, con bonos de la deuda pública, los llamados Petro Orinoco. 

No debemos olvidar que en la campaña electoral del 98 Chávez y sus seguidores denunciaban, engañosa y falsamente, que el gobierno de Caldera les había "robado" las prestaciones sociales a los trabajadores. Al ganar Chávez las elecciones, la gente creyó ingenuamente que el gran crítico de la "reforma Caldera" resolvería el entuerto y devolvería lo "robado" a los trabajadores. Pues bien, pasaron los días, los meses y los años y nada ocurría; por el contrario, quienes, como los trabajadores universitarios, permanecíamos en el régimen anterior a la reforma Caldera, se nos obligó a pasarnos al régimen calderista, pues se habían dado cuenta de que una cosa es pedir agua (cuando se está en la oposición) y otra muy distinta ocurre cuando, estando en el gobierno, hay que instalar tuberías. Se percataron de que el "mono" de la deuda era impagable con pagos retroactivos de acuerdo con el último salario, y corrieron la arruga durante todos estos años. 

Lo que a la postre ocurrió fue que pasaron casi catorce años hablando pestes de la reforma Caldera y sólo cuando nos acercamos a las elecciones aprueban el mamotreto de la nueva ley, atropellada e inconsultamente, y trajeron del baúl de los recuerdos la famosa "retroactividad" con pago de doble prestaciones, la que, por cierto, no es ninguna conquista chavista, sino que fue aprobada en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, al convertir las prestaciones en derechos adquiridos. Pero en lo que hay que insistir es que a Chávez le pasó (Teodoro dixit) como Chacumbele, pues el Estado es el principal deudor de prestaciones, pues no pagó las anteriores y no ha acreditado las actuales. La mayor antigüedad de los trabajadores se encuentra en el sector público, de modo que, al regresar al recálculo, multiplicó las deudas del Gobierno, y con ello le echa leña al fuego inflacionario; ahora sale con el cuento chino de los Petro Orinoco para pagar con papeles, a larguísimo plazo, la deuda adquirida con los trabajadores venezolanos, que debió pagar, tal como lo establece el ordenamiento jurídico, en efectivo y en el momento de su exigibilidad. 

El planteamiento de pagar los pasivos laborales aparece un mes antes de las elecciones para tratar de torcer la voluntad los electores venezolanos que ya decidieron cambiar de gobierno y anotarse en el progreso de Venezuela que ofrece Henrique Capriles. Por esta razón, quienes conocen a fondo esta problemática, como el profesor de Derecho del Trabajo León Arismendi y la profesora María Luisa de Maldonado, ex rectora de la Universidad de Carabobo, han opinado que no se trata "sino de otra burla y un engaño el acto de entrega que hizo el Presidente de la República del pago de pasivos laborales a diez profesores universitarios jubilados con bonos denominados Petro Orinoco, pues no son el instrumento más idóneo para saldar la cuantiosa deuda que el Ejecutivo mantiene con cerca de 1.400.000 trabajadores activos y jubilados del sector público que desde hace 15 años esperan por sus prestaciones e intereses, pues estos petrobonos emitidos por el Gobierno con una tasa de interés a 18% anual, de pago trimestral y congelados por un año, le expropian a cada trabajador aproximadamente entre 15% y 30%, que será la inflación calculada entre septiembre 2012 y agosto 2013; por lo que aun vendiéndolo a 100% del valor nominal, el poder adquisitivo como resultado de esa venta será de 70% al momento en que pueda colocarlos en el mercado secundario". 

Lo cierto de toda certeza es que este Gobierno, una vez más, trata de engañar a los trabajadores con su sempiterna demagogia, con su lenguaje "izquierdista" y demodé para estafar incautos. La deuda que este Gobierno mantiene con los trabajadores del sector público sobrepasa los 20.000 millones de dólares, pero ese monto es sensiblemente menor que lo que este Gobierno ha regalado a otros países en los últimos 5 años. Debe entonces asumir, aunque sea en estos últimos días de su mandato, alguna seriedad y pagar esos pasivos laborales con dinero efectivo. 

Ya falta menos y Capriles ha prometido no sacar un solo bolívar de Venezuela hasta no pagar todos los compromisos internos. 

Al menos... hay un camino.