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Juan Barreto

Construyendo redes del poder popular

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Creemos que las demandas sociales no se pueden desarrollar en este proceso político de manera unilateral, porque se dispersarían las fuerzas populares y se perderían los objetivos políticos generales. Tenemos que trabajar para favorecer el modelo del movimiento de los movimientos, es decir, la creación de una gran red del poder popular que integre las demandas de las mayorías, y consolide diversos espacios –físicos y virtuales– para el intercambio de información, para la discusión y la toma de decisiones en común.

Las tareas de cogestión deben ser asumidas como una gran secuencia histórica, en la que debemos interactuar permanentemente todos los actores sociales del proceso. Aún existen muchos obstáculos y desafíos por superar, como la pesada herencia burocrática de la cuarta república, pero sólo marchando juntos, con tareas políticas comunes y metas compartidas, podremos alcanzar en la práctica un desarrollo social, real y sostenible. La construcción de una gran red del poder popular es el primer paso en este proceso.

Desde el lugar en que nos movemos y con los compañeros que trabajamos, hemos venido desarrollando una concepción revolucionaria del trabajo en red, que intenta no sólo articular y potenciar las distintas fuerzas sociales y populares del país, sino que además busca manejar visiones flexibles, dinámicas y democráticas, acordes con los desafíos del socialismo del siglo XXI que estamos construyendo.

El tema de fondo de la construcción de un gran movimiento del poder popular radica en la definición de las unidades de acción. Quiénes son sus actores, qué los identifica y en qué lugar o territorio actúan. En otras palabras, qué define a una gran red del poder popular.
Estamos convencidos de que la tecnología comunicacional es el medio para vincular los conglomerados sociales que no pueden reunirse físicamente en una asamblea de ciudadanos. También hay que subrayar las cualidades de los flujos organizacionales, y las propiedades específicas que tienen los actores dentro del proceso que se busca construir.

Hay que definir claramente la razón de ser de esta gran red del poder popular. Tenemos que establecer los objetivos y las metas en un tiempo y un espacio específicos. Toda red tiene uno o varios propósitos u objetivos, a partir de los cuales se organiza y se estructura.

Hay que mantener una estrecha interrelación entre los componentes y las partes de la red, bajo la visión de un orden complejo. Es decir, tenemos que comprender que el “valor agregado” de la relación de los componentes en red produce una nueva forma de organización de la materia y de la energía. En pocas palabras, del pueblo. Esta relación supone el principio de circularidad inmanente. El cuerpo de esta red del poder popular produce sus propias necesidades y motivaciones.

La participación popular activa grandes procesos que debemos potenciar al máximo, con miras a crear verdaderas comunidades organizadas a través de comunas. La unión de ciudadanos en territorios definidos (físicos y virtuales) y la unión de comunidades bajo demandas y exigencias similares obligan a establecer procesos fluidos de comunicación interpersonal, intercambio de información, cooperación y toma de decisiones.

La buena comunicación, como sabemos, es productora de comunidad. El intercambio y la interacción entre los distintos actores sociales apuran no sólo al uso común de lenguajes, culturas y demandas, sino que, además, en la medida en que se fortalecen estos espacios y estos vínculos, se crean nuevos lenguajes y nuevos propósitos políticos con carácter colectivo. La comunicación en red garantiza la producción de lo común y propicia formas de organización, de racionalidad y de creatividad social, totalmente novedosas y revolucionarias.