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Jesús Rangel Rachadell

Constituyente o enmienda

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No hay novedad, el gobierno no ha cambiado, no hay decisiones, no hay intención de salir de la crisis.

Cualquier solución empieza tomando decisiones, cambiando políticas, convocando a todo el país y desconvocando a los colectivos, a las bandas armadas y afines que nos gobiernan hoy.

Traer comida para paliar el hambre desfila por la alcabala del gobierno, hay que pedirla, pagarla, embarcarla y que llegue a puerto; en esto se puede pasar varios meses. Con las medicinas es igual, meses para que lleguen los componentes activos para controlar la tensión, el cáncer, la hepatitis b, la malaria, la tuberculosis, el sida, y tantas otras enfermedades que nos aquejan sin solución; y ni hablar de los anticonceptivos que hay muchas que lo necesitan.

Para defender la República, el pueblo, todos nosotros, debemos tomar medidas en muy corto plazo por cuanto nos encontramos ante una situación excepcional, que amerita de actuaciones excepcionales.

El problema es que estamos en manos de Maduro, quien no quiere hacer como Cincinato, entregar el poder y coger el arado. No se ha dado cuenta que no tiene la confianza del pueblo, que su tiempo se acabó. Tampoco le debemos dar a Maduro más poder del que ha disfrutado, necesitamos una magistratura nueva.

No podemos esperar a que aparezcan desórdenes civiles, tenemos que hacer algo ya. Necesitamos buscar la normalidad mediante facultades extraordinarias, la solución puede pasar por una o varias enmiendas a la Constitución o una Asamblea Nacional Constituyente.

Nuestra constitución contempla varios mecanismos para salir de la crisis con la mayoría calificada que el pueblo le dio a la Asamblea Nacional. Esta le otorga la potestad de convocar los medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía; la enmienda puede ser convocada por la mayoría simple de los diputados; y la Asamblea Nacional Constituyente mediante acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes, es decir, los 112 diputados que tiene la oposición (artículo 348 de la Constitución), estableciendo el sistema electoral por medio del cual se elegirán a los constituyentistas. Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente ni el Presidente de la República podrá objetar la nueva Constitución (artículo 349).

Hay importantes conflictos en la sociedad respecto a qué es lo que se quiere: privatizar Pdvsa, liberar los precios y el tipo de cambio, dolarizar o no, prohibir los controles de cambio; y solo me refiero a las ideas económicas por la necesidad de hacer algo a favor de la gente. La Asamblea Nacional no puede cogobernar con el Poder Ejecutivo, si quiere leyes que las pida. La caja de Pandora está cerrada.

El crecimiento económico es indispensable, pero limitar el excesivo control político que tiene el gobierno sobre el resto de las instituciones también es urgente.

El gobierno controla todo y no hace nada, ¿o es que el comportamiento del Tribunal Supremo no es suficiente demostración de cómo están las instituciones?El Tribunal Supremo irrespeta las corrientes del pensamiento, el potencial creativo de cada ser humano y la participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social mediante el voto. Las soluciones para la vida en sociedad no están reservadas a una sola corriente de pensamiento, a un programa de gestión, o a un grupo parlamentario de opinión en particular.

El Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional, en otra oportunidad, expresó que “la voluntad popular, piedra angular de la democracia participativa, debe ser respetada”, cuando decidió la Revisión de una sentencia de la Sala Electoral que desproclamó a un Alcalde que fue electo sin cumplir el requisito de residencia exigido (sentencia de fecha 6 de agosto de 2007, caso Pedro Santaella).Sin embargo, cuando afecta los intereses de don Corleone, hace la vista a un lado.

El 20 de enero de 2015, un año atrás, expresé en este mismo medio:

“El problema que vemos con todas estas soluciones racionales, legales, republicanas y constitucionales, es que el hambre es actual, la escasez no espera, no entiende de trámites ni de retóricas, los venezolanos que sobrellevan el no poder conseguir lo que necesitan se sienten humillados y será cuestión de tiempo que actúen de otras maneras si la solución a sus penurias no son resueltas en el corto plazo”.

Sigo pensando lo mismo.