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Alexis Alzuru

Consenso en la crisis

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Desde José Vicente Rangel y Jorge Giordani pasando por Carlos Lanz y Temir Porras hablan de reconocer errores y cambiar el rumbo del gobierno, cuanto antes. Radicales y moderados del oficialismo reconocen que Venezuela está como barco a la deriva. Pero lo que muchos dirigentes no dicen de manera explícita, por sus compromisos, lo comentan sin tapujos los militantes pesuvistas que escriben opiniones, reclamos y críticas en Aporrea. En las filas del pueblo chavista se posiciona la idea según la cual Nicolás Maduro perdió el control de la nación. Cobra fuerza la inviabilidad de su mandato. Se objeta su forma de encarar los problemas. Se cuestionan su enfoque, decisiones y colaboradores cercanos. En particular, se repudia que sus padrinos sean Diosdado Cabello, Rafael Ramírez y Rodríguez Torres. Sobre todo, la gente del Polo Patriótico no quiere el populismo chatarra del que se aprovechan el presidente y sus tres cómplices. Ellos reclaman un viraje hacia una sociedad abierta y productiva.

Lo prolongado y diverso de la crisis está produciendo un acercamiento entre los venezolanos. La mano visible de los problemas cotidianos está logrando lo que muchos dirigentes desean, pero no consiguen: unificar al pueblo. De hecho, los cuestionamientos que desde el Polo Patriótico se lanzan contra la cúpula del gobierno coinciden con los reclamos de la base social opositora. Se produce un consenso cívico sobre aspectos medulares que conducen a una transición.

Oficialistas y opositores admiten que Nicolás Maduro está fuera de control y debe pasar a la historia. También convienen que la sustitución del presidente deberá concretarse por vía constitucional, no por atajos. Acuerdan que antes de la salida de Nicolás Maduro debe provocarse la caída de Diosdado Cabello, Rafael Ramírez y Rodríguez Torres. La gente entiende que desmantelar a este triunvirato no será fácil; sin embargo, igual comprenden que expulsarlos de los centros de poder es un requisito clave para la transformación del país. Lo cual explica que estos jefes junto con sus aliados de la extrema derecha insistan en hacer ver que Venezuela está polarizada, cuando lo que en realidad ocurre es una genuina aproximación entre la militancia de la oposición y el oficialismo.

Por cierto, el reencuentro social es uno de los motivadores que más disparan la voluntad de cambio entre los ciudadanos. El país es un hervidero de voces que piden renovación. La gente aspira a un sacudón que arrastre a los artífices de la anomia y el caos. Tal vez el congreso ideológico del PSUV se convierta en el campanazo que anuncia la transición que se aproxima. Una etapa que deberá consolidarse con la solicitud unánime de una reforma equilibrada del CNE. Un eslabón sin el cual no podrá satisfacerse el acuerdo alrededor del cual se están reunificado los moderados de ambos bloques y aquel sector que las encuestas definen como no alineados: la redimensión del socialismo.   

Resignificar el socialismo es un objetivo de corto plazo. Ese ideario conserva la aprobación de la mayoría. Una verdad que se tendría que asumir con realismo y sin temores. Pues es conveniente darse cuenta de que el piso para pactar el fin de la dominación cubana es admitir el socialismo como marco del reencuentro. La mayoría chavista quiere reconceptualizarlo; lo cual ofrece una oportunidad estelar para adecuarlo a los estándares de igualdad y libertad, productividad y confort que exigen los pueblos y las democracias socialistas contemporáneas. La unidad renovada de Venezuela supone dejar atrás la visión economicista de Wall Street y mirar hacia los aciertos del redimensionado Estado del bienestar.

 

Profesor UCV

@aaalzuru