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Pedro Palma

Consalvi, hombre integral

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Con la partida de Simón Alberto Consalvi Venezuela pierde a uno de sus hijos más preclaros. Con esa frase envié un tweet a mis seguidores expresando mi pesar por la desaparición de ese hombre integral, multifacético y extraordinario que fue Consalvi. Político, historiador, periodista, académico, escritor y, sobre todo, buen amigo, Simón Alberto supo conquistar el cariño y la admiración de todos los que tuvimos la suerte de conocerle. Lamenté profundamente no poder asistir a su funeral por encontrarme de viaje, pero cuando supe la noticia de su súbita muerte lo sentí profundamente. A pesar de que este artículo sale a la luz semanas después de su deceso, y ha sido precedido de muchos otros que se han referido a su obra y a su extraordinaria personalidad, no quiero dejar pasar la oportunidad para expresar los sentimientos de admiración y amistad que siempre tuve hacia él.

Si bien lo conocí a comienzos de la década de los ochenta, tuve un estrecho contacto con él durante el año 2000, cuando lo invité a colaborar en la elaboración de un libro sobre las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos de América, a raíz de la celebración del quincuagésimo aniversario de la Cámara Venezolano-Americana de Comercio e Industria, Venamcham, la cual yo presidía en ese momento. Conjuntamente con Tomás Polanco Alcántara y Edgardo Mondolfi Gudat, Consalvi participó de forma activa y entusiasta en la elaboración de la obra Venezuela y Estados Unidos a través de 2 siglos, la cual es consulta obligada para cualquier historiador o interesado que desee examinar o estudiar las relaciones bilaterales entre esas dos naciones. Le correspondió a Consalvi el análisis de la primera mitad del siglo XX, y estudió varios episodios relevantes que se reflejaron profundamente en las relaciones de los dos países, tales como el bloqueo marítimo de nuestras costas a fines de 1902 y comienzos de 1903 por tres potencias europeas (Alemania, Gran Bretaña e Italia), y la intervención del gobierno de Teodoro Roosevelt en la búsqueda de un acuerdo entre las partes, representando Estados Unidos los intereses de Venezuela en el proceso de arbitraje, a solicitud del gobierno de Cipriano Castro. También analizó Consalvi el inicio de la actividad petrolera en Venezuela y el papel que en ella desempeñaron las compañías norteamericanas, así como el papel fundamental que jugó Venezuela como proveedor de petróleo a las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.

Aún recuerdo vívidamente las interesantes sesiones preparatorias del libro, en las que realmente se disfrutaba a plenitud oyendo e interviniendo en las conversaciones de esos tres grandes historiadores, llenas de sabiduría y amenidad.

Realmente impresiona ver la versatilidad y capacidad de trabajo que tenía Consalvi, quien no sólo produjo una extensa obra histórica, sino que era un excelente y prolífico columnista y editorialista en El Nacional, e impulsor del titánico proyecto de la Biblioteca Biográfica Venezolana desarrollado por Bancaribe y ese diario, donde se desempeñó como editor adjunto hasta el día de su fallecimiento. Como político tuvo también una destacada actuación, reconocida recientemente por todas las fracciones representadas en la Asamblea Nacional, habiendo desempeñado de forma destacada altos cargos públicos, tales como el de ministro de Relaciones Exteriores y embajador de Venezuela en Washington, en las Naciones Unidas y en otros países.

En respuesta al tweet que envié a raíz de su desaparición, y con el que abro este artículo, dos de mis seguidores respondieron con unos mensajes que mucho revelan sobre quién fue Simón Alberto Consalvi. El primero de ellos dice: “Agradeciéndole el haber compartido su sabiduría con humildad, sin egoísmo y con integridad toda su vida, inspirando a tantos”, y el segundo reza: “Ejemplo de venezolano, íntegro, cabal, para las nuevas generaciones. Que brille para él la luz perpetua. Amen”.