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Pablo Aure

Conflictividad

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En el ¡Hasta cuándo! de esta semana abordaré tres temas totalmente diferentes. El primero, es relacionado con una situación personal; el segundo, se refiere a la clara polarización entre los sectores de la oposición; y el tercero, a la cercanía de una conflictividad de marca mayor. 

Comencemos. No pensaba volver a referirme al ciudadano gobernador del estado Carabobo, pero como quiera que en su programa radial la semana pasada, y a pesar de su promesa de no mencionarme más, lo volvió a hacer, debo responderle por el medio que tengo a la mano, es decir, desde mi columna semanal. Porque le he pedido derecho a réplica con anterioridad y no me lo ha dado. 

Pues bien, señor gobernador, no es cierto que yo instigo al odio, ni tampoco es verdad que estoy realizando actos contrarios a la Constitución para desestabilizar el gobierno. Tampoco estoy realizando algún complot en su contra. Ojalá me diera la oportunidad de conversar con usted y poder plantearle todas las interrogantes que tengo pero en su programa y de viva voz, para de esa manera aclararle los puntos que le parecen dudosos. 

Usted es licenciado en artes militares, y yo soy abogado. En otras partes se nos dice licenciado en leyes. Ambos nos formamos para ejercer nuestra profesión en ambientes totalmente diferentes: usted en los cuarteles, en las fronteras -por cierto muy desguarnecidas- o en los campos de batalla, y yo en la vida civil. No incumplo las leyes. Me imagino que usted apela a la estrategia militar para someter -controlar o darle de baja- a sus enemigos. Eso no lo practico ni lo he aprendido yo, y no quiero aprenderlo. 

Se lo he dicho varias veces: no lo considero mi enemigo. Pero sí y de manera frontal, mi adversario político. Evidentemente para derrotarlo utilizo otras armas distintas a las que usted sabe manejar por su formación militar y otras que quizá ha aprendido a utilizar desde el poder. Las mías son la palabra y la escritura, únicas herramientas de los demócratas y civiles. Me anima en esta lucha el poder del convencimiento ciudadano a través de la razón. Jamás trato de imponer mis argumentos con amenazas judiciales ni mucho menos policiales. No tengo el poder ni la formación para valerme de esas instituciones para someter a mis adversarios políticos, pues ellas son para perseguir a los delincuentes. 

Usted sabe muy bien que tengo medida sustitutiva de libertad por órdenes suyas. No puedo salir del estado Carabobo y debo presentarme cada 15 días a los tribunales. He acudido tres veces a presentarme. Todo el mundo sabe que aquí no hay separación de poderes, aunque usted en su programa haya dicho que yo debería estar en Tocuyito pero no lo estoy porque los poderes dizque son autónomos. Seguiré luchando para que las cosas cambien, y para que, en realidad, los jueces sean autónomos e independientes. Para que haya justicia, para que haya democracia, se respete la libertad de expresión, y no se persiga a los que opinan diferente a los gobernantes de turno. 

Espero que las dudas que tenga sobre mis actuaciones las aclare conmigo y no con alabarderos que lo informan mal, por maldad, o por simple ignorancia. Sé que escuchan mis conversaciones telefónicas, aunque es otra práctica ilegal. Bien bueno que lo haga para que sepa de qué y con quién hablo. Nada de lo que hablo o hago es ilegal. Es más, lo autorizo para que me ponga dos policías que me custodien y vigilen hacia donde voy y con quién me reúno. No temo a que lo haga. Repito: nada de lo que hago es contrario a la ley. 

Seguimos en aceras contrarias. Dios quiera lo ilumine y ayude a  entender lo que es democracia en la calle y la aprenda a distinguir de lo que significa obediencia debida en los cuarteles. Soy demócrata de calle. 

 

Polarización de la oposición

El oficialismo está tan reducido que la polarización que ahora se nota es la de los dos claros sectores de la oposición. La tradicional, esa que sigue los lineamientos de la Mesa de la Unidad Democrática a pesar de la encerrona, y la otra, la que reclama nuevos liderazgos o distinta manera de hacer política. El Congreso de Ciudadanos comienza a percibirse como fuerza emergente dentro de los sectores democráticos. No es solamente María Corina Machado y Antonio Ledezma los que lo promueven, sino varios líderes opositores, y partidos que antes seguían ciegamente las decisiones de la MUD. Probablemente se quiera presentar como no excluyentes quienes estén en el Congreso de Ciudadanos y los que conformen la MUD, pero en el fondo son dos organizaciones distintas; y es lógico que lo sean. La cuestión está en que en algún momento se pongan de acuerdo para afinar estrategias sin excluir a los no afiliados en organizaciones partidistas. 

El sábado en Puerto Cabello se dio una aproximación a la reunión del Congreso de Ciudadanos en Carabobo; mañana en San Diego tendremos el primer encuentro del Congreso de Ciudadanos. Escucharemos a los vecinos de ese municipio en el parque Tulipán a las 8 de la noche. Allí recogeremos ideas para construir el país deseado, que lógicamente no es éste que tenemos, ni tampoco se parece. 

 

Conflictos sindicales

Lo de Sidor solo es la punta del iceberg. Las grandes empresas estatizadas se mantienen sin discutir sus contrataciones colectivas, y eso ha colmado de impaciencia a los trabajadores. La clase obrera reclama sus derechos, y con razón. La inflación se come sus salarios. Eso es con las grandes empresas. Pero es que todo, entiéndase bien, todo el sector laboral del país, especialmente en el sector público,  está inconforme con las relaciones con el patrono, porque no le alcanza lo que gana. En el sector salud está por reventar un conflicto ya anunciado. Nos han advertido que las operaciones electivas están por suspenderse por falta de insumos. 

Lo mismo podemos decir en el educativo. Insoportable seguir trabajando con salarios de miseria, e indignos, en algunos casos los maestros ganan menos del salario mínimo. Las universidades reiniciarán sus actividades en septiembre inmersas en situaciones de gran dificultad, no solamente por la suspensión indefinida de los procesos electorales, sino por los sueldos y beneficios cada vez más reducidos. 

Venezuela está haciendo burbujas, es una bomba de tiempo. Los pésimos servicios alimentan el descontento, la electricidad, el gas, el agua, y la carestía de muchos más, hace que la ebullición comience a sentirse. No se ha notado lo suficiente por las vacaciones escolares. El detonante será el reinicio de las clases acompañado del aumento de la gasolina y el reclamo constante provocado por la inflación y escasez, que sin lugar a dudas afectará en mayor escala a los más necesitados. 

Ya quedó al descubierto la mentira del trillado argumento de la ficticia guerra económica que el régimen esgrimía para justificar la escasez; ahora, quisiera oír de la boca de un chavista la explicación que da a la falta de productos básicos de alimentación y de higiene personal; a la quiebra de empresas, a la falta de producción nacional (se importan carros chinos y se reduce la nómina en la industria automotriz nacional); al aislamiento que sufren los venezolanos no enchufados, encerrados sin poder viajar al exterior porque la líneas aéreas se fueron y los pocos pasajes que se consiguen valen 40 o 50 veces más caros que antes.

 

pabloaure@gmail.com
@pabloaure