• Caracas (Venezuela)

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José Rafael Avendaño Timaury

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La mayoría de los venezolanos estamos contestes en que vivimos una época crucial para el desarrollo institucional de la república. La crisis nacional que nos oprime y abruma no requiere mayor consideración. Nos golpea la consciencia, aturdiéndonos de manera dramática, trágica y sobrecogedora.

Las compuertas para el ¡Nuevo gobierno ya! este año, de manera constitucional, se inició para bien. A la vera del camino, sin embargo, acechan peligros inocultables que no se pueden desdeñar y mucho menos obviar. Se encuentran allí, alevosamente expectantes, establecidos con una inocultable estrategia y táctica gubernamental instituida hace tiempo con sonoros y desafinados arpegios cucuteños.

Los oficialistas mantienen tozudamente lo que sin vergüenza pregonan: ¡No permitir de ninguna manera! las previsiones establecidas por la Constitución nacional en lo que se refiere a lo preceptuado al referéndum revocatorio. Es pavor a que se apliquen a cabalidad los lapsos por las consecuencias que estos determinarían naturalmente. Este dilema existencial por parte de los “robolucionarios” les mantiene en una constante pelea interna a dirimirse inexorablemente mediante machetazos. Veamos: no es lo mismo permitir la celebración del referéndum con las dos elecciones pertinentes este año que aceptar, a regañadientes, que se efectúe el año que viene. Si se celebra este año (como procede, de acuerdo con lo establecido en la carta magna) sabemos que elegiríamos un nuevo presidente que concluiría el actual periodo constitucional. De Perogrullo que el ungido sería una persona ajena a lo representado por la robolución en los últimos dieciséis años. El gobierno ha establecido, como una especie de cuestión de honor dudoso, que esta premisa constitucional no se efectúe jamás.

Las bandoleras salas Constitucional y/o Electoral del TSJ están, como cualquier celestina complaciente, dispuestas a apadrinar peticiones que provengan de las cuatro arpías que mangonean sin pudor alguno el ministerio de elecciones (CNE), lo que permitiría estirar el lapso hasta enero del próximo año, si en definitiva prosiguen con esta hipotética opción. La escalada de ambiciones “presidencialistas” desatada con motivo a la elección del vicepresidente se hará ostensible. Por ello la negrura que colorea la institución de Carmelitas está cada día más oscura, en estado de verborragia desaforada, insistiendo en que “es imposible efectuar las elecciones este mismo año”. Es la orden impartida a todos los poderes subalternos de la república. Está a la expectativa de que no se produzca un nuevo nombramiento que lo deje con “los crespos hechos”. En todo caso, las puñaladas traperas en el PSUV están en acción.

Lo que el oficialismo decida en definitiva sigue en suspenso. No descartan que la pseudo unión indisoluble de milicos y lumpen, eufemísticamente definidos como “ejército y pueblo”, se consolide mediante un silvestre golpe de Estado, por la calle del medio, para que la presidencia la asuma, sin tapujos, el chafarote de ocasión –“apadrinado” o no– siempre listo y goloso.

El otro milico, aquel que aún sustenta la risible tesis novelera de espionaje a través de Directv, aposentado en la AN, acaba de solicitar ante la vomitiva y obsecuente sala la nulidad de determinadas sesiones parlamentarias. Nuevamente veremos, ya sin asombro alguno, la torticera sentencia. La otra decisión, inaudita por decir lo menos, es la que se refiere al “mandato” de reglamentar los votos de censura y demás actos parlamentarios que afecten a los altos prebostes, ocasionándoles la destitución de rigor. Así se deja, como son sus deseos, a la AN como el agua: incolora, ¿inodora? e insípida. En jerga castrense: ¡Un saludo a la bandera!

En resumidas cuentas, el Gobierno nacional está alzado contra la Constitución. Esto, sin eufemismos, es un ¡golpe de Estado palaciego! incruento, pero untado con “vaselina”, grotesco y anacrónico. Curzio Malaparte es apenas un simple aprendiz de la materia.

Las incongruencias señaladas en los párrafos anteriores también se extienden al campo de la oposición. Desafortunadamente, las apetencias de determinados líderes por aposentarse en Miraflores están a flor de piel.

El socialcristiano que en 1957 perteneció a la Junta Patriótica, mediante carta pública dirigida a Capriles, lo emplaza: “No obstaculice la remoción a Maduro” (sic). Los años le deben haber reblandecido el cerebro y obnubilado el juicio. Ingenuamente piensa que en la actual coyuntura el CNE (órgano legal que maneja por mandato expreso todo lo relacionado con las partidas de nacimiento y de defunción) permitirá hacer conocer la exacta cualidad de ciudadanía de Nicolás Maduro, que le inhabilitaría, como lo presumimos objetivamente muchos, para continuar en la presidencia. Henrique Capriles ha sido el único dirigente con prestigio propio, perteneciente a la organización política que ostenta la mayor representación parlamentaria en la AN, que ha asumido –ad hoc– la campaña por el referéndum. La que debería canalizar, adecuadamente, la participación orgánica del pueblo en la calle (que aún no se ha hecho). El ataque por mampuesto contra él llama la atención. ¡La torpeza no es de ninguna manera atributo exclusivo de los torpes!

El gobernador del estado Miranda, luego de más de una semana de producida la declaración de Leopoldo López, mediante la cual le felicitaba por su labor revocatoria y le solicitaba, además, reconociéndole como cabeza visible del proceso, la creación de un equipo o comando político para que este asuma de manera global todo lo concerniente al revocatorio (1), conserva un silencio “muy ruidoso” ante la justa petición. Paradójicamente, esta complaciente mudez es compartida por el presidente de la AN y su partido, además de las organizaciones ductoras de la MUD, como son UNT, ABP; AP, Vente Venezuela, etc.

Pareciera que Henry Ramos Allup, Manuel Rosales, Henry Falcón, Antonio Ledezma, María Corina Machado –a quien expreso mi irrestricta solidaridad ante la nueva agresión física de que fue objeto en Mérida por parte de colectivos agavillados– (además del propio Capriles y López), mantienen un silencio sepulcral. Todos tienen in pectore la esperanza de constituirse como presidente (si se produce la segura revocación) en el nuevo gobierno de transición hasta 2019, incluida la aspiración a la reelección. Este es el escollo que impide el cabal y deseable discernimiento en esta hora de aparente oscuridad inducida. Superándolo, permitirían el expedito paso a opciones realistas que faciliten el despeje de la ruta político-constitucional ya establecida.

 Me permito hacerles, de manera fraternal, a los aludidos en el párrafo anterior un llamado a la sindéresis, al patriotismo, a la necesidad de posponer legítimas aspiraciones que nadie discute, para que en esta hora aciaga y crucial para la república coadyuven con generosidad y desprendimiento a obtener la implementación de la estrategia y táctica adecuada para salir definitivamente de este nefasto e inconstitucional gobierno.

¡El pueblo a la calle! de manera organizada, combativa y democrática para exigir el cumplimiento irrestricto a lo pautado por la Constitución, especialmente en lo que se refiere a la facultad de revocar mandatos este año ¡como debe ser! También, siempre en la calle, para oponerse de manera resuelta, a los despropósitos gubernamentales de impedir a como dé lugar que las elecciones se realicen en 2016 (2). Resulta un insulto a la inteligencia que se pretenda prorrogar, haciéndolo inútil, el lapso establecido (a mitad de mandato) para la opción revocatoria. Correr la arruga para evitar la específica consecuencia, burla la diáfana intención del constituyente, que la estableció de manera expresa; reglamentar la norma, escarneciendo su espíritu, propósito y razón, la hace nula de nulidad absoluta.

Notas:

1.- Comando nacional amplio para: i) Establecer la estrategia y táctica adecuada de manera global. ii) Designar un equipo técnico político que se encargue de redactar el programa de gobierno a ser aplicado en el último bienio presidencial. iii) Determinar la escogencia del candidato presidencial, bien sea mediante negociación política, “caucus” u otra opción realista y facilitadora del periplo. iiii) Compromiso formal de que el nuevo presidente electo del gobierno de transición de dos años ejercerá sus funciones atenido a lo esbozado en el plan de gobierno establecido. iiiii) Como presidente de la República no aspirará, comprometiéndose de manera expresa, a que bajo ninguna circunstancia, intentará ser candidato a la reelección en 2018.

2.- Plantear sin mediatintas, con valor cívico y didácticamente, que los artículos 6, 233 y 350 de la Constitución nacional son normas de irrestricto cumplimiento. Que ningún poder sobrevenido y constituido con evidentes signos de ilegitimidad e ilegalidad puede subrogarse caprichosamente las indebidas interpretaciones del prístino mandato constitucional. Cualquier ciudadano venezolano está facultado con los medios de que disponga para hacerla cumplir.

 

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