• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

José Rafael Herrera

Conciencia crítica: de la tiranía a la libertad

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hablar de una “conciencia crítica” pareciera ser una tautología, porquela función esencial de toda conciencia filosóficamente comprendida, consiste endiluir la dureza de un ser que, con el tiempo, se ha petrificado y que, porello mismo, se ha convertido en un supuesto, en algo ajeno y hostil para loshombres. Por lo cual, la función de la conciencia consiste, precisamente, en elejercicio de la crítica. Acción necesaria y determinante, porque permitesuperar el dominio del objeto cosificado sobre el sujeto social, recuperandoasí su reciprocidad, su condición dialógica.

En los términos de la Realpolitik, la crítica conlleva de ladeterminación autocrática del pensar a su determinación democrática. La críticaes, pues, el tránsito de la tiranía a la libertad. No obstante, como la propiadefinición de “conciencia” no es ajena a la condición antes descrita, conviene,por una vez, conceder el sentido enfático presente en el adjetivo, a fin deredundar en el elemento sustantivo que le da significado a su naturalezacreadora, libre y autónoma.

De este modo, la “conciencia crítica” resulta insustituible paratodo ser que se ha “endurecido” y que, por ello mismo, ha perdido la fluidezque se requiere para superar sus insuficiencias, para corregir sus errores, paraponerse a tono con las exigencias del presente. En este sentido -y sólo en estesentido-, puede decirse que la Universidad es la “conciencia crítica” delEstado, del cual, por cierto, es arte y parte indisoluble.

 Ser la “conciencia crítica” del Estado no quiere decir manteneruna relación hostil con Él. Más bien, se trata de ejercer la adecuada funciónque le corresponde, al llamar la atención, saber en mano, acerca de laorientación de sus políticas, advirtiendo los posibles errores y cooperando conÉl en la construcción de soluciones viables, evitando, en suma, que pierda laflexión dialógica ya mencionada y se aleje de las necesidades objetivas de losciudadanos.

 No obstante, para ello es necesario que la Universidad no sóloconserve sino que además profundice y enriquezca su autonomía. Porque la únicaforma posible de garantizar el cabal funcionamiento del Estado, y enconsecuencia la mejora sustancial de la calidad de vida de la ciudadanía, espreservando el carácter autonómico de las universidades. La autonomía es lacondición sine qua non para que el Estado pase de un ejercicio barbárico alejercicio de la civilidad. Ella es el salto cualitativo del mero querer delindividuo a la libre voluntad del ser social, de la dependencia infantil a lamadurez y la responsabilidad. Por ello mismo, no es posible separar laautonomía universitaria del diálogo, pues no existe la una sin el otro yviceversa.

 Es por ello que la Universidad no puede ser calificada como un“partido de oposición”, “insurrecta” y “conspirativa”, enfrentada, cualadolescente, al Estado. Muy por el contrario, en virtud de su estricta madurezcognoscitiva, sustentada en la investigación, la docencia y la extensióncientífica y humanística, la Universidad tiene la obligación de ejercer unaconstante labor con-ciente, es decir, crítica, justamente porque esa es surazón de ser. Y es por cierto de ese modo como cumple con su responsabilidadprincipal, toda vez que contribuye con la superación de los problemas de fondo,de estructura, con los cuales, no sin frecuencia, el Estado tiene que mostrarsu pertinencia y capacidad frente a los retos que la sociedad va creando a supaso. Sin conciencia no hay crítica, y sin crítica no hay Estado.

 Para que la Universidad siga siendo la “conciencia crítica” delEstado, el Estado está en la obligación de proteger la autonomía universitaria.Y ello no es posible sin un diálogo constante, abierto y directo, que aceptalos errores cometidos y rectifica. Es la hora de cambiar el modelo coercitivopor el consensual, a fin de poder ajustarse a la razón. No comprenderlo implicala muerte misma del Estado.