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Pedro Morales

Compendio acerca del modelo rentista venezolano

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En la década de los años setenta del siglo pasado emergieron varios eventos de singular importancia para Venezuela, en lo que refiere a su principal fuente de ingresos. Por una parte, la crisis energética, relacionada directamente con la guerra de “Yom Kipur” (enfrentamiento bélico entre Israel y los países árabes Egipto y Siria, en el año 1973), la cual propició el “primer shock petrolero”, y el precio del barril del petróleo pasó de 2 a 12, hasta los 32 dólares. Adicionalmente, el fortalecimiento de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo, OPEP, y la nacionalización de la industria petrolera en el año 1974, que permitió al tesoro nacional obtener un mayor monto de dólares proveniente de la renta petrolera. Por ejemplo, de los casi 3.000 millones de dólares que ingresaban al Banco Central de Venezuela en el año 1973, para el año siguiente la cifra se triplicó, al ubicarse en 9.300 millones de dólares, hasta alcanzar en el año 82 los 79.315 millones de dólares.

Bajo estas condiciones, el signo monetario venezolano, “bolívar”, en un corto periodo de tiempo pasó a estar respaldado por mayor cantidad de dólares, e incluso, se estableció una relación de 4,3 bolívares por cada divisa estadounidense: fortalecimiento ficticio debido a que no estaba soportado por una producción diversificada y sustentable. Además, esta época de “bonanza petrolera” de la “Venezuela saudita”, proyecta con fuerza la “crisis de la deuda externa”, al endeudarse el país de forma  irresponsable (con complicidad de la banca internacional) por un valor que superó los 25.000 millones de dólares (se sumaban al pote de los “petrodólares” para gastar y gastar a “mano rota”).

Sin embargo, es importante recalcar que en la Venezuela contemporánea correspondiente al periodo 1958-1988 los ingresos por concepto de venta de petróleo alcanzaron el monto aproximado de 400.000 millones de dólares: equivalente a 21.325 dólares para cada  venezolano (con una población de 18.757.390 habitantes para el año 88). Sin embargo, producto de la inefectiva y equivocada gestión gubernamental, sustentada en complicidades y por un negligente silencio institucional, los problemas de orden estructural se manifestaron en persistentes y recurrentes desequilibrios macroeconómicos: alta inflación, controles de precios, escasez y desabastecimiento, tasa de interés negativa, sobrevaluación, déficit en balanza de pagos y saldo negativo presupuestario, nivel crítico de las reservas internacionales, incremento de la deuda interna y externa (país con alto riesgo de morosidad y quiebra), etc.

Por otra parte, es necesario acotar que del quinquenio gubernamental venezolano 1979-1984 al siguiente 1984-1989 se desprendió una caída significativa en los ingresos petroleros: de un monto aproximado de 89.000 millones de dólares a 47.000 millones de dólares. Este déficit en el flujo del fisco nacional de 42.000 millones de dólares obligó al gobierno (que iniciaba su periodo en el año 1989) a solicitar ayuda financiera al Fondo Monetario Internacional, FMI. El préstamo fue cedido a Venezuela, de forma que pudiera contrarrestar los efectos nocivos de la crisis multidimensional que hacían estragos en las propias raíces de la sociedad. Un poco más de los 20.000 millones de dólares se le fue aprobado bajo estricto control y supervisión por parte del FMI, y el Ejecutivo nacional, a cambio, se comprometía a través de la firma de una carta de intención a la aplicación inmediata de un “Programa de Ajuste Macroeconómico”: el cual significó en la práctica un incuantificable costo  social y político.

Expresiones como “dónde están los reales” o “recibo una Venezuela hipotecada” estigmatizan el acontecer venezolano que ha girado en torno al rentismo petrolero. Sobre esta realidad se inicia una “nueva era” gubernamental en el año 1999.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              Este periodo de crecimiento y bonanza no sustentable se ha apoyado en los ingentes recursos monetarios provenientes de la venta de petróleo: hasta 2015 se calcula una cifra aproximada de más de los 900.000 millones de dólares. Lamentablemente la tesis del desarrollo endógeno no se cristalizó, la cultura del ahorro institucional nunca se consolidó y las previsiones para los tiempos de crisis se subestimaron (los desequilibrios macroeconómicos “mutaron” y reaparecieron con mayor fuerza y contundencia); y ante la caída estrepitosa de los precios del “oro negro”, nuevamente el país cae en una situación de déficit: ante un piso inminente que oscila alrededor de los 40 dólares por barril de petróleo se estima una merma en los ingresos (anuales) que pueden estar en el orden de los 40.000 millones de dólares.

Docente universitario. pmoral@unet.edu.ve @tipsaldia