• Caracas (Venezuela)

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Richard Blanco

El Colotordoc Grinch

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Cuando se acercaba diciembre, los venezolanos nos preparábamos para organizar las fiestas de fin de año, las cuales lograban el encuentro de cada uno de los miembros de la familia, es decir, el acercamiento entre padres e hijos que no viven en la misma localidad, o con cualquier familiar cercano o amigos que forman la parranda navideña, y donde nunca falta el recuerdo de lo bueno y lo malo ocurrido durante el año, pudiera quizás resumirlo en esa canción de La Billo’s Caracas Boys “Un año que viene y otro que se va”.

Ustedes, mis queridos lectores, seguramente van a compartir conmigo algo que en este momento se me viene a la mente, las misas de aguinaldo, ¿las recuerdan? Hace tiempo que no se dan, y hablando con un sacerdote amigo mío de una iglesia caraqueña (no le digo cuál, no vaya a ser que el régimen la agarre con mi amigo el cura), me informa que el motivo es la inseguridad. ¡Pues, se lo creo! Aquí han asesinado a algunos sacerdotes de manera extraña, el hampa ha robado y destrozado iglesias, por eso le creo firmemente.

El árbol de bellas luces y de gran tamaño de la Plaza Venezuela en la parroquia El Recreo del municipio Libertador, ya no lo colocan, la razón, el bendito alcalde ausente de esa entidad Jorge Rodríguez, quien aparte de ser ausente como administrador de los recursos caraqueños, es también el verdadero Grinch. Grinch porque no permite que San Nicolás llegue a Caracas y les traiga los regalos a los niños de la ciudad de Santiago de León, que se portaron bien todo el año, y que además nosotros los padres hicimos un pote con el alcalde ausente todo el año, pagándole los impuestos municipales para que ayudara a Papá Noel a que fabricara cada uno de esos regalos, pero creo que el Grinch se quedó con la platica. Al Grinch Jorge se le olvidó que ya ni siquiera nuestro amigo Pacheco baja de Galipán porque le tiene miedo al hampa, y eso que tengo años diciéndole al Grinch que tenía que fortalecer la policía para que le diera tranquilidad a los ciudadanos y a sus bienes, pero este alcalde se vino a dar cuenta el miércoles pasado cuando solicitó la intervención de la misma (tarde piaste Grinch, hubieses podido evitar muchos delitos, pero bueno tu eres así). El Grinch ausente no entiende que las plazas de Caracas deben estar arregladas y limpias todo el año, con flores y árboles, pero también sería oportuno en diciembre que les regalara a los ciudadanos grupos musicales y orfeones para deleitar con villancicos, aguinaldos y gaitas al pueblo caraqueño (pero qué va, todos los Grinch son así).

Tropiezos van y tropiezos vienen, el país va de mal en peor, “los gobernantes de la revolución del socialismo del siglo XXI nos han echado tremenda vaina”; según un estudio realizado por la firma Gallup, Venezuela es la nación más insegura del mundo.

La situación económica del país es la más desesperanzadora, llegaremos a finales del ejercicio fiscal a 70% de inflación, el desabastecimiento continúa, las hallacas de María en La Pastora le van a salir bien caras, pero el ministro de la Alimentación, Yván Bello, parece que se fumó una lumpia al revés porque dijo que una hallaca se podía hacer con menos de 30 bolívares, ¿qué es eso? ¿Tú eres loco Ramón? O será que se fumó un incienso de los que no se consiguen para aromatizar las casas en Navidad.

Ojalá que como padres tomemos conciencia de que los juegos pirotécnicos son extremadamente peligrosos, más para nuestros chamos que no tienen la experticia necesaria para utilizarlos, pero no se les olvide que los hospitales se encuentran desasistidos, no hay implementos médicos quirúrgicos para atender emergencias, y si tienen un seguro y pueden ir a una clínica privada, pasa casi lo mismo, la desgracia sería inminente, esto es lo que estamos viviendo, pero debemos vencer estos escollos y no podemos resignarnos para darles, sobremanera a los más pequeños, la alegría de la Navidad. Con la ayuda de Dios y la Virgen debemos tener en nuestros hogares sea como sea nuestro arbolito lleno de luces, nuestro pesebre a la espera del nacimiento del niño Jesús, nuestro pan de jamón y las uvas para el 31 de diciembre, porque en definitiva esta tradición que enloquece para bien y enamora a los más pequeños nadie, absolutamente nadie tiene el derecho de arrebatárnoslas. Estoy seguro de que un año se va con dificultades, pero no podemos perder la esperanza de que con nuestra lucha muy pronto tendremos la Venezuela que nos merecemos. Preparen ustedes las 12 uvas para que cuando suene el cañonazo podamos pedir los deseos que los venezolanos nos hemos planteado para ser felices.