• Caracas (Venezuela)

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Son tiempos difíciles en los que la intriga y la incertidumbre nublan y empañan todas las decisiones a tomar, ante un futuro totalmente incierto. El ciudadano común se distrae fácilmente, la televisión nacional llena cada vez más su línea informativa de chismes y farándula, y al periodista, en general, lo están atando de brazos delante del cerco legal que lo acorrala e intimida, y en situaciones extremas, amenazas contra su propia integridad física.

Y a su vez, esto se desarrolla en una batalla campal, donde se combate quién es el peor de todos, un régimen corrupto y asesino que amenaza a paso represor y autócrata o el ciudadano común con su acentuada degradación de valores y su fácil y lamentable manera de olvidarse de la crisis que sufre el país.

Donde el periodismo independiente gana más campo en un camino lleno de trabas y peligros, donde el periodista nacional trabaja clandestinamente, y el internacional es amado por centrar sus informaciones en esta herida patria.

Donde los medios impresos, con bastante información y denuncias tienen una infinita tinta para plasmarlos. Sin embargo, la ausencia de papel, cada vez más agravante, gana más campo en la batalla.

Medios impresos sin papel y periodismo independiente y clandestino, sin embargo, está la presencia insólita de periodistas en televisión nacional, informando mediocremente, aceptando las líneas informativas de los noticieros que obvian graves realidades que afectan al país y que el ciudadano de a pie necesita saber.

Sin embargo, el ciudadano preocupado y que no olvida la crisis fácilmente –sigo apostando que somos mayoría– recurre desesperado a los pocos programas radiales donde hay periodistas que siguen en pie, sin ceder sus espacios informativos, donde siembran valores e informan –lo más primordial para la audiencia– a diario. El ciudadano que no es indiferente, con una absoluta sed de información recurre desesperado a diversas páginas web de periodismo independiente. El ciudadano que no se distrae, va a los kioscos a comprar un ejemplar de la pobre variedad de diarios que no se han dejado avasallar por los distintos factores impuestos, que los afectan directamente. El ciudadano preocupado recurre a canales televisivos internacionales que cubren noticias de este país bañado en censura.

Esta historia insólita y casi ficticia, se desarrolla en un país con un régimen que, a pesar de casi tener un absoluto control en todas las áreas que influyen en el país, se atreve a denunciar culpables y amenazarlos, todo en un discurso como de Cantinflas. Ellos llaman a la paz en su habitual tono de guerra y solo terminan con un discurso contradictorio y cansón.

Esta historia insólita e imposible de creer sigue ocurriendo en un ambiente dominado por el hampa común, crisis hospitalaria, graves casos de corrupción, acentuada escasez, maquillada hiperinflación, y a pesar de todo, el ciudadano sigue distraído y conformista, planeando sus próximas vacaciones y echándole la culpa al gobierno, lo deprimente es que mientras el ciudadano siga con esta mentalidad, la inseguridad desbordada matará a diario, la impunidad no faltará en ningún momento y una veintena de presos políticos seguirán sin estar en casa con sus familiares.

Esto no es una historia irreal, solo es un breve e incompleto resumen de una rutina que se vive a diario. A pesar de ello, cada injusticia existente debe ser un impulso a seguir luchando, cada indiferencia demostrada debe ser aliento a seguir divulgando la realidad y sembrar muchos valores, cada barbarie vista solo debe ser un escalón más para dar el siguiente paso, para avanzar, para seguir adelante. A pesar de todo, sigo apostando por el ciudadano común, por cualquier venezolano en general, sigo creyendo en su eterna inteligencia y espíritu de lucha, sin distinción política, a la larga, el ciudadano en general es el que marcará la diferencia a partir de principios y valores que hay que seguir sembrando.

Porque somos una gran mayoría los que estamos cansados de tantas denuncias de intentonas golpistas, de presuntas invasiones gringas cuando son los cubanos y los chinos los que nos tienen invadidos. Estamos cansados de presos políticos y de la pobre justicia injusta que rige al país. Estamos cansados del mal llamado socialismo del siglo XXI y su revolución bolivariana. Simplemente estamos cansados de la marcada división que vive el país, división que se rompe cuando nos dejamos llevar por el mismo pensamiento, no queremos patria roja ni partidista, queremos patria libre y tricolor, una patria color Venezuela.

@Elias_acr

Eliascastror@hotmail.com