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Beatriz de Majo

Colombia: envidia superlativa

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La cifra esperada de inflación de Colombia, para el fin de este año es 2%. Huelga poner de relieve cómo tal logro de política monetaria protege el valor de los ingresos laborales, un importante elemento de la paz social de aquel país. En este lado del Arauca, en medio de la orquestación del modelo revolucionario, en este año los alimentos cuestan 72% más que el año anterior.

Eso no es todo: a pesar de que aún el país vecino batalla contra el desempleo, el desempeño de este año en ese terreno será mejor que los anteriores. La tendencia es hacia la baja debido a que la reforma tributaria de 2012, en lugar de pechar a quien genera puestos de trabajo –los empresarios–   ha facilitado la tarea del empleo. El efecto de esta política se nota en la disminución sensible de la informalidad y en el incremento de la tributación de particulares y empresas. Mientras tanto, en esta Tierra de Gracia se ha entronizado y protegido el empleo informal, se han cerrado miles de empresas y se han echado a la calle centenares de miles de trabajadores.

En Colombia la inversión doméstica ha crecido y la extranjera se ha acelerado, ya que los capitales foráneos apuestan fuertemente por un país que se ha esforzado en conseguir lo que más aprecia el capital: dinamismo de la industria y el comercio y estabilidad en las variables macroeconómicas. Para el final de este año, la inversión habrá alcanzado 28% del PIB y las empresas extranjeras habrán aportado recursos frescos al país por más de 16.600 millones de dólares. En nuestro lado, la migración de capitales a la vecina Colombia es notorio, al igual que la inhibición de las grandes transnacionales a arriesgarse en actividades en nuestro suelo. Las medidas recientemente dictadas al abrigo de la ley habilitante sobre el control de la industria y el comercio reforzarán la huida de capitales y potenciarán la inclinación a la inhibición.    

Por último, el gobierno de Juan Manuel Santos, en este año que fenece, ha dedicado su mayor esfuerzo a financiar grandes obras de infraestructura acompañado del capital privado de manera de generar bolsones de empleo en la industria de la construcción.

Ni hablar de lo que los neogranadinos han estado fraguando en materia de energía. Colombia ha dejado de ser un país con petróleo para convertirse en un país petrolero, habiendo alcanzado en este año 1 millón de barriles diarios de producción. Mientras tanto, la producción venezolana languidece, la empresa estatal Pdvsa se endeuda hasta límites insospechados y compromete el flujo de recursos para las generaciones que vienen.

El desempeño económico de los vecinos es el producto de una libertad económica bien manejada dentro de las leyes de mercado. El descalabro venezolano es producto de un socialismo mal concebido, de controles dañinos y de una ineficiencia rampante de quienes nos gobiernan.

Mientras Colombia se fortalece, Venezuela se hunde.