• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Ana María Matute

Colegas cooperantes

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Yo estaba en una lista, no recuerdo por qué, pero presumo que alguien me metió. Era de periodistas que debían ser “vigilados”. Me la enseñó un compañero en la redacción. Era el segundo mandato de Caldera, democracia con chiripero, pero democracia añorada ahora.

Con esto quiero decir que no es raro que estas cosas pasen. Los gobiernos tienen la mala costumbre de creerse con derecho de vigilar. Pero durante todo mi ejercicio como reportera jamás me molestaron.

Sí me siento en la obligación de hacerles una aclaratoria: los adecos me creían comunista, los comunistas me creían copeyana, y los copeyanos me creían adeca. Pero nunca, nunca, nunca me preguntaron directamente de qué pata cojeaba.

Claro, había periodistas identificados con todas las tendencias, pero si trabajaban en los medios de lo único que podían alardear era de las ventajas de conseguir informaciones exclusivas, jamás de tomar parte en nada.

Era reportera de la fuente política, cubrí todos los partidos, pero especialmente Acción Democrática. Los que estaban en ese entonces ya no están, y me tocó aprender mucho. Era muy joven, pero tuve excelentes profesores-colegas.

Hago esta larga introducción porque los vientos han cambiado y los periodistas llevamos 15 años en medio de una tormenta que ya se está convirtiendo en huracán, al que podríamos bautizar como a un miembro de la realeza: Hugo Nicolás Diosdado Fidel Raúl.

Escuchar a mis amigos contar que en cierto periódico hay sapos, perdón, patriotas cooperantes, que se dedican a espiar a los colegas y contar sus infidencias e inclinaciones políticas me causa mucha tristeza. Nunca he sido gremialista ni sindicalista, pero sí creí firmemente, porque lo viví, que los periodistas estamos hermanados por muchas razones, sobre todo por principios que nos hacen fuertes, que nos hacen apoyarnos porque tenemos los mismos objetivos: buscar la verdad y contarla. La competencia por el “tubazo” era lo único que nos hacía rivalizar, pero nunca poner en riesgo a otro, nunca echarlo a la boca del lobo.

Mientras di clase siempre me preguntaban los alumnos si creía en la objetividad. Fui profesora en la USM durante buena parte de este reinado chavista, de lo cual me siento orgullosa, porque muchos de mis estudiantes están ahora en los medios. Mi respuesta fue siempre la misma: el periodista es un ser humano que siente y padece. Tiene el deber de ser imparcial, que no indiferente. Pero si eres testigo de que alguien sufre, si ves gente haciendo cola durante horas para comprar leche para cinco muchachos, difícilmente puedes sentirte ajeno a esa realidad, y lo que hay es que contarla sin adjetivarla. Los que me conocen saben que traté de hacerlo siempre.

Insisto, estos son otros tiempos, es demasiado difícil ocultar que estamos afectados por tanto sufrimiento, difícil tragarnos lo que sentimos cuando vemos a una madre llorando porque su hijo fue golpeado por la GN. Difícil, imposible.

La gran pregunta ¿tomamos partido? Para mí la pregunta es otra, ¿nos quedamos callados porque un colega cooperante nos va a acusar? ¿Nos quedamos callados porque no tenemos papel para imprimir el periódico? ¿Nos quedamos callados porque nos pinchan los teléfonos?

Creo que hay que ser responsables, porque somos parte de esa mayoría que sufre, somos país. Con una tarea adicional, nuestro deber es contarlo.

@anammatute