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Alexis Correia

Colas y guarimba

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Ya con otros capítulos de rodaje (el espacio del jueves fue cedido a la telenovela del diálogo) queda un poco más claro que los errores de acentuación que comete la actriz fracasada Blanca Aurora en Corazón esmeralda (“bándida”, “arpia”, “ávara”) intentan pasar por chistes. Debido al efecto multiplicador que tiene la televisión, sin embargo, sería recomendable que siempre hubiera alguien que la corrigiera. Solo he visto que lo hiciera, una vez, la madame de clóset Federica.

El ranking del reparto de la telenovela venezolana de las 9:00 pm en Venevisión lo encabezan los experimentados y creíbles Beatriz Vázquez (Mamá Lucha) y Alejandro Mata (el mayordomo Silvestre). En el lote de los aceptables, figuran, de mayor a menor, Ludwig Pineda (el indigente silente Chapita), José Ramón Barreto (Miguel), Sheryl Rubio (Rocío), Sindy Lazo (Melinda), Flor Elena González (Isabel), Daniel Martínez (Napoleón), Rhandy Piñango (Jaime), Myriam Abreu (Lorena) y Julio Pereira (Ramón José, alias “Barrilito”).

No dan ni frío ni calor: Juliet Lima (Vanessa), Flavia Gleske (Fernanda), Josué Villaé (Bruno), Dora Mazzone (Hortensia), Adolfo Cubas (el doctor Beltrán) y Carmen Alicia Lara (Liliana).

Deficientes: Mimí Lazo (Federica), Paula Wojciechowski (Elia Magdalena), María Antonieta Duque (Blanca Aurora), Jorge Reyes (Marcelo) y Cristóbal Lander (Luis David, alias “Papá Ganso”).

En una categoría aparte, los siempre más difíciles de juzgar: los protagonistas. Luis Gerónimo Abreu (Juan Andrés) repite gestos y tics, lo que es totalmente normal porque un actor nunca se desprende por completo de su propia persona, pero en general es verosímil. La debutante Irene Esser ha ido creciendo muy poco a poco. Su heroína ecologista Beatriz Elena es “gansa” (ingenua) por naturaleza. El experimento no ha sido del todo fallido. La pareja se ha acoplado bien en las interminables escenas de “sebo” (léase intimidad).    

Con sus altibajos (y los de sus libretistas), los que más se divierten y resaltan en sus caracterizaciones de herederos del ya fallecido magnate ecocida César Augusto Salvatierra (Jean Carlo Simancas) son Rubio y Martínez. La primera hace un papel de machorra con problemas de alcoholismo que, se supone, adquirirá más relieve para portar un mensaje de responsabilidad social. Desde que conoció a Miguel, parece que ha empezado a usar un brillito en la cara. En las escenas de piscina en la Villa Salvatierra, Martínez ha mostrado que tiene “la cuerpa”, pero también algún talento aprovechable, con fugaces destellos cínicos.

Sindy Lazo, en general, funciona como sirvienta humorística y supera ampliamente en Corazón esmeralda a su mamá Mimí, aunque el recurso de hacer un revoltillo con los refranes populares (ejemplo, “más caliente que plancha de mono”) ya se ha visto en otras telenovelas. Adolfo Cubas está forzando un tono de voz gutural que no se escucha nada natural, quizás para distinguirse de sus habituales papeles de villano.

Desde que empezó Corazón esmeralda estoy tratando de recordar a qué se me parece el estereotipado tongoneo de Mimí con los hombros. Quizás alguna comiquita. Sus peores escenas, probablemente, han sido aquellas en las que ha tenido que representarse a sí misma dos décadas más joven, con una peluca amarilla.

Ni siquiera la telenovela más rosa escapa de la situación-país. Algunos capítulos recientes han despertado asociaciones mentales indeseadas, con infinitas colas en las puertas de la Villa Salvatierra (falsas aspirantes a la herencia del suicida depredador ambiental) y una guarimba de Juliet Lima, que intentó prender fuego a la cabaña donde se besuqueaban los protagonistas.

En Twitter: @alexiscorreia