• Caracas (Venezuela)

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Jair de Freitas

Cofradía obrera en el Poliedro

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¡Apúrense que se vence la habilitante! decía con tono molesto tras recibir el estatus según el cual todavía no estaban listos "los documentos ni las leyes". Llamadas de presión se multiplicaban mientras se tomaba la decisión de volver a aplazar el evento. No fue ni el viernes ni el domingo: tuvo que ser el lunes y con la demora de rigor. Suena el teléfono "Camarada, el documento está listo" ante lo cual contesta "bueno pásamelo para ir leyéndolo". Al colgar pregunta: ¿tenemos los empastados? a lo que alguien contesta con temor "están en eso, ya van a estar listos". Entre groserías y voz alzada se pone de pié y abandona el recinto. No preguntó por logística, da por sentado que eso no va a fallar. La asfixia del cargo ya no deja conciliar el sueño como se debe ni tampoco mucho espacio para reflexionar. Intrigas, rumores, presiones y muchas personas que constantemente opinan sobre qué decir y qué no hacer, van fertilizando neurosis, paranoias, fatiga y muchas otras cosas más que acaban por hacer más irritable a cualquiera.

Ya en camino, alguna lectura apresurada impide levantar la mirada el tiempo suficiente para percatarse del deterioro exterior que acompaña el breve trayecto en caravana. Sentimiento y un poco de nostalgia dan lugar a un breve silencio de reflexión que se ve interrumpido por un incidente que no conviene citar aquí. En el instante que se abra la puerta del blindado, el ser humano se desvance y la investidura del cargo impone defender el agotado discurso del "proceso social del trabajo" que ya no alcanza ni para engañarse a sí mismo. El problema de fondo es que el populismo se encontró cara a cara con las consecuencias económicas de la irresponsabilidad del proyecto político rojo rojito y nadie sabe cómo solucionarlo sin dar su brazo a torcer.

Dentro del poliedro las preocupaciones son otras. El tiempo de espera y lo avanzado de la hora compromete el retorno a casa de los redimidos por el socialismo, quienes a pesar de contar con un transporte colectivo que tratará de ubicarlos en algún punto cercano, no tienen un blindado que garantice inmunidad ante de la inseguridad impune de cada día. ¡Deberían darnos el día libre mañana! dice una señora mientras otros manifiestan que están de acuerdo con ella y alguien más se ríe. En el fondo se oye una consigna muy similar a la conocida "cuatro patas sí, dos pies no" de la Rebelón en la Granja y mientras dos personas se quejan del refrigerio, comienzan los rumores: "parece que ya llegó el hombre". Las expectativas oscilaron en torno a la brevedad de la intervención, así como también respecto de nuevos anuncios populistas para beneficiar a los asistentes. Sin embargo, los pronósticos no se cumplieron pues solo se trataba enviar un mensaje en cadena nacional: este es el gobierno de la "clase obrera", contamos con milicia y estamos unidos. Con la venia de mis lectores, me permito dar el desmentido de esas tres afirmaciones.

Respecto de lo primero, siendo sincero a qué trabajadores dice el presidente obrero que gobierna ¿a esos a los que tuvo que silbar y regañar en público para que dejaran de abandonar el poliedro? Como de costumbre, algunas preguntas ayudan al obligado contraste entre discurso y realidad: 1. ¿De verdad tenemos un gobierno obrerista cuando el salario mínimo que decretan no alcanza para cubrir la canasta alimentaria? 2. ¿El colapso de las Inspectorías del Trabajo, no es más bien reflejo de la poca aromonía de las relaciones laborales? 3. ¿Las continuas protestas porque no se firman las convenciones colectivas de las empresas del sector público, porque el Estado no incorpora a los tercerizados, o porque no cumplen las cláusulas socioeconómicas son el paraiso laboral del siglo XXI? Los sobrevivientes de este país sabemos que en estos últimos años la pérdida de la calidad de vida ha sido importante y que ninguna de las políticas laborales se han traducido en bienestar, sino en destrucción del aparato productivo nacional en un contexto de rencor, corrupción e ineficiencia.

Cómo se le habla de "justa distribución de la riqueza" a los venezolanos de a pié, si mientras hacen largas filas para comprar algún producto de la cesta básica ven pasar en costosos vehículos a los bolichichos y demás beneficiarios del régimen. ¿Por qué el presidente obrero no le explicó al público de galería del poliedro cuál fue el truco que usó para encogerles a todos el bolsillo en un 63% en apenas un año? Si la mitad de lo que dicen los analistas económicos es cierto, el 2015 va a ser mucho peor que los dos anteriores. Entonces: ¿con qué dique vamos a detener ese aluvión si los precios del barril de petróleo se desinflan y el gabinete económico no tiene brújula?

En segundo lugar, el retorno intermitente de las milicias obreras. Si ya era trasnochado hablar de "clase obrera" qué queda para la idea de un brazo armado del movimiento sindical impulsado por el Presidente del país. El fusil como medio de evangelización política en el ámbito de las relaciones de trabajo no es buen augurio. La población civil armada (incluyendo los colectivos) tampoco lo son. La principal característica de un Estado es que ejerce el monopolio legítimo de la violencia, por eso, cuando desde el gobierno se fomentan componentes que según la propia Constitución no forman parte de la Fuerza Armada Nacional es porque las cosas andan muy mal. Lo dije en abril, lo expuse a mitad de semana y ahora reitero la pregunta: ¿quién gobierna el proceso productivo de las empresas, el patrono o un componente ajeno a la Fuerza Armada Nacional? Una oración basta: En una democracia, lo militar se subordina a lo civil, no al revés.

En cuanto al tercer aspecto, todo estudioso de la historia del movimiento obrero, sabe que la unidad es la utopía necesaria para lograr conquistas y reivindicaciones laborales (aunque parece que muchas personas no lo tenían claro cuando abandonaron las gradas del lugar). Al mismo tiempo, todo conocedor de las relaciones laborales tiene muy claro que cuando la democracia brilla por su ausencia, la irreverencia y disidencia sindical se apaga patrocinando organizaciones sindicales creadas por el caudillo de turno. Mientras de un lado del movimiento sindical venezolano están las tradicionales centrales obreras, otras emergentes y la excluída UNT; del otro está la FBST que cuenta con apoyo presidencial, del poder legislativo y de la plataforma de la Administración del Trabajo. ¿Qué lectura creen que tiene la comunidad internacional o la misma OIT cuando ven en un congreso de una central obrera al Presidente del país, a su  Ministro del Trabajo, a Diputados de la Asamblea Nacional y otras personalidades del partido político de turno? Más que unidad, lo que se evidenció fue hegemonía.

Aunque el audio dejaba oír la consigna orwelliana de "obreros mandando, patronos temblando" habría sido más ajustado decir que "mientras el presidente obrero está mandando, la economía se va tambaleando". En todo caso, un orador iracundo invocó un pacto de sangre, cuyo ritual afortunadamente no se hizo público (si es que existió) pero que dejó muy claro que más que un Congreso de Trabajadores, lo que hubo aquella noche del lunes diecisiete de los corrientes, fue una Cofradía obrera en el Poliedro.

@jair_defreitas

jair_defreitas_1@hotmail.com