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Rodolfo Izaguirre

Claudicación intermitente

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La medicina considera que se produce “claudicación intermitente” cuando un órgano se ve afectado por la interrupción de la circulación de la sangre en uno de los vasos que la irriga. ¡Es lo que me está pasando! Tengo problemas en las arterias de mi pierna izquierda y sufro al caminar. Cojeo porque claudicar proviene del latín “claudicare” que significa cojear. Cojera dolorosa. Pero “claudicare” significa también flaquear, ceder, proceder y obrar indignamente. Faltar a los propios deberes o principios. Este no es propiamente mi caso, pero sí el de muchos políticos y gente de escasa significación. Hacen esfuerzos para llegar a Miraflores y sentarse en la silla presidencial. Otros la rondan sin éxito pero no vacilan en claudicar es decir, en saltar la talanquera creyendo que de esa manera podrán participar activamente de la riqueza que  brota desde esa  silla. ¡La cornucopia inagotable!

Otros se inclinan ante el poder cualquiera que sea el nivel en el que éste se presenta: ¡desde el portero hasta el propio ministro! Pero es igual: todos se empeñan y se esmeran, pero no en alcanzar la gloria que generosamente les ofrece la Historia para proporcionarnos bienestar y felicidad sino para claudicar y poder maltratarnos traicionando principios éticos, olvidando promesas electorales, malversando, escamoteando o administrando mal el tesoro público; corrompiéndose desde la soledad del poder y defraudando al país que los colocó frente al ventanal del palacio de gobierno o poniendo simplemente en sus manos alguna pizca inicua de poder.  Hay quienes se degradan traficando drogas mientras arrastran al abismo a jefes militares, jueces y legisladores; quienes tratan de ocultar sus fechorías tras el velo que asegura ser, el suyo, un gobierno plural y participativo; democrático. Saltan las talanqueras abandonando la democracia por un chavismo desaforado mientras ostentan la desvergüenza de afirmarse y reconocerse como reflejo de una dictadura civil o militar y otros, bolivarianamente, no ocultan el jubilo de considerarse afectos al régimen “cívico-militar” que masacra estudiantes, ahoga a las universidades, niega papel a los periódicos y editoriales; emplean circunloquios con cinismo: llaman “patriota cooperante” al sapo, al delator, al personaje más nauseabundo y cuando desde el gobieno deben ceder para retomar la dignidad del mando, no ceden por temor a perder autoridad.

Todos transitan los senderos de la Historia aquejados como yo, ahora, de claudicación intermitente, es decir, de cojera dolorosa al perder  la ocasión de recuperar al país, mejorarlo, enderezarle el rumbo, hacerlo honorable, repetuoso. Alejarlo de ideologías perversas, autoritarismos y brutales desconsuelos.

¿Qué se dirán mis amigos arquitectos, pintores, escritores y cineastas de la cuarta república que sucumbieron y claudicaron. ¿Como explicar que hayan  aplaudido la crispante vulgaridad de Hugo Chávez?

¡No puedo evitar mi enojo! En ochenta y tres años de vida difícil y tenaz, en un país áspero y petrolero, donde a cada paso asoma algún burócrata pagado por el gobierno de turno para interrumpir mi paso y tratar de detener, desviar o decapitar mis ilusiones, he evitado con todas mis fuerzas flaquear, cojear o claudicar. Me he negado a buscar el tesoro que se encuentra debajo del templo. Por el contrario, son los que obstaculizan mi camino quienes lo  buscan a sabiendas de que al hacerlo envenenan sus almas, claudican, convierten al país en un espacio marginal, se burlan de nosotros, ordenan masacrar a los estudiantes, ensucian el lenguaje, aborrecen y escupen sobre nuestra sensibilidad, desperdician las oportunidades de bien que surgen en su camino y ciegos y sordos dan la espalda a la Historia que los sentó frente al ventanal del palacio. ¡Y soy yo el que padece de claudicación intermitente en una de mis piernas. ¡Y cojeo!