• Caracas (Venezuela)

Opinión

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Enrique Larrañaga

Ciudad quebrada

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20.- Los árboles florecen. Sus ramas casi quebradas se llenan de colores vibrantes que rescatan laderas quemadas y calles solitarias. La vida es terca; sigue, vuelve y triunfa. Siempre.

7.- Una bandera cruza la calle, amarrada a ventanas de edificios sobre aceras enfrentadas. Imagen evocadora: una tela convertida en símbolo enlaza en el espacio público entes que quizá se vieron por años sin jamás mirarse. Las cenizas, a un lado, quiebran la metáfora.

12.- Magullada, la protección de cemento muestra los muchos choques de carros que no lograron esquivarla. Sobre ella, una pinta: “Carnavales o dictadura”. Pasaron los Carnavales. La pinta permanece. Los dilemas suelen arrinconarnos contra la opción de la que prometen redimirnos.

4.- Dicen los ministros que militarizar una plaza civil es construir “territorios liberados”. Aducen quienes levantan barricadas que sus cierres abrirán nuevos caminos. Como una roca atravesada, la duda nos va quebrando a todos.

19.- Un hombre desnudo, tapándose, vaga por la universidad, vejado, golpeado y herido por otros hombres con sus caras tapadas. De un semáforo cuelga una bolsa como remedando un hombre ahorcado. El primero es un crimen real; el segundo quizá solo una amenaza. La hiriente simetría de estos espejos de azogue raído quiebra por igual nuestro ánimo ya maltrecho.

5.- La irritación de quemas y gases ya es cotidiana. Las cacerolas, cornetas y pitos suenan puntualmente, como las detonaciones y el rugir de tanquetas. Inútil intentar escribir, pensar, trabajar. Es aún mayor el ruido interior. También las llamas, el hollín, las náuseas.

17.- Habla de paz; amenaza con batallas de mil años. Adversó la esquina caliente; ahora incendia la de su casa. La coherencia sucumbe, innecesaria; ya ni siquiera cuenta.

9.- Medios con miedo. El miedo en el medio. La información perdida entre rumores, propaganda, cadenas, zozobra. Todo es sospecha. El silencio es el sonido más ensordecedor del miedo.

18.- “¿Vas a esperar a que maten a tu hijo para protestar?”, espeta una pancarta. Sorprende que se busquen adhesiones con insultos y amenazas. Sorprende que sorprenda. No me resigno. Así resisto.

8.- Twitter radiografía la desmesura con crudeza pornográfica. Sangre, cenizas, intimidaciones, torturas, sonrisas, aclamaciones, bravuconadas, temores, dardos, anzuelos. Ansiosos, solo los pulgares hablan. El resto es solo duda. La quiebra cartografiada en 140 caracteres.

10.- Fascistas, combates, arsenales, valientes, comandos, leales, mercenarios, batallones, traidores, ataques, tropas, armas, exterminio, guerra. También con palabras se construye violencia.

15.- Al extremo de la bandera cosieron la de la guerra a muerte; ya no vuela sobre la calle. En el rectángulo negro, un hueco lleno de vacío. Temíamos al Gran Hermano de 1984 y volvimos al horror de 1814. Hasta los números romanos parecen trastocados en este siglo XXI vestido de XIX.

11.- Nada parece más desequilibrado en estos días que pedir equilibrio. Evitar los extremos y procurar concordia es para algunos la nota más discordante. “Diálogo” es ya casi una mala palabra.

3.- Sin cascos ni capuchas seguramente lucen como uno; tanto quienes lanzan gases vencidos o irrumpen disparando como quienes responden con piedras y botellas. Unos no volverán ya más a su casa; puede pasarle a uno cualquier noche. Otros lo harán después de la jornada e intentarán dormir. Uno podría ser cualquiera de ellos; quizás, de muchos modos, algo de ellos es también uno. Tampoco uno duerme.

14.- Comienza abril sin concluir febrero. Como José Arcadio, nos descubrimos varados en un único día inmóvil; siempre el mismo aunque nunca igual. Pesa demasiado el tiempo cuando no pasa.

6.- Los barrios cuentan también para el botín y la apuesta. Que ya están bajando, que nada los convoca, que es porque están amenazados, que siempre han sido de los nuestros. Como las muertes, la miseria es otra estadística en el siniestro azar de esta ruleta rusa.

2.- No hay lados simples ni correctos en polígonos de muchas caras y variaciones constantes. En cada extremo de cada lado, un ángulo: ese mínimo, casi fortuito punto en que confluye lo diverso.

16.- Unos muertos son grandes héroes y otros meros daños colaterales. Cada quien compone su relato citando u omitiendo nombres, lanzando acusaciones o hallando razones según le convenga. Como si la muerte no bastara, la herida de banalizarla nunca sana.

13.- Sin advertirlo ni prevenirlo, el desencuentro quebró calles y plazas. Tanta consigna ofensiva viene diluyendo su poder conciliador, su integridad siempre heterogénea. Minando lo público, resquebrajamos con más saña el futuro que el presente.

1.- Es enorme el horror; pero sería falaz creer que es solo otro error. Así de infame es el terror.