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Rafael Díaz Casanova

Citius, Altius, Fortius

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Pierre Freddy de Coubertin, el barón de Coubertin, nació en París el 1 de enero de 1863 y después de una fructífera vida centrada en el deporte, en la educación y en la historia, falleció en Ginebra el 2 de septiembre de 1937. 

La expresión latina que utilizamos para titular estas líneas está incorporada a la identidad del Comité Olímpico Internacional y la pronunció el barón en su discurso durante la inauguración de la primera olimpíada de los tiempos modernos, en Atenas, en 1896. Originalmente, la expresión fue ideada y colocada en el frontispicio del Colegio de San Alberto Magno en Arcueil, Francia, en las afueras de París, por su íntimo amigo, el fraile dominico Henry Didon.

Pierre de Coubertin, para darle el soporte necesario al movimiento olímpico, había fundado junto con el griego Dimitrios Vikelas, el 23 de junio de 1894, el citado Comité Olímpico Internacional.

Este movimiento se fundamenta en la tríada conformada junto con los Comités Olímpicos de los diferentes países, y las Federaciones Internacionales de cada deporte. Así, dirigido a los atletas y con prescindencia del concepto y palabra país, este movimiento promueve y estimula los deportes, desde aquel famoso año, a través de los Juegos Olímpicos que se suceden cada cuatro años, con muy contadas faltas que tienen un denominador común, las guerras.

El COI está conformado por ciento treinta y cinco personalidades vinculadas a los diferentes deportes y calificadas en varios grupos. Desde su fundación, en ciento veinte años, ha sido presidido por nueve caballeros. Hoy, el cargo de Presidente lo ostenta, desde 2013, el ciudadano alemán, Thomas Bach. Cada uno de ellos le ha impreso su propio criterio y manera de analizar los problemas y situaciones.

Nuestra maravillosa y querida dama, Flor Isava Fonseca, atleta y dirigente de múltiples organizaciones sociales, tiene el honor de haber sido en 1981, junto con la finlandesa Pirjo Hägmann, las dos primeras mujeres elegidas para formar parte del COI. En 1990, Flor llegó a la cúspide, al ser ascendida y formar parte de la Comisión Ejecutiva de la máxima organización deportiva del mundo.

Algo muy interesante que encontramos en la Carta Olímpica es la definición de olimpíada. No debe confundirse el concepto de olimpíada con la celebración de los magnos juegos. Se llama olimpíada al lapso de cuatro años que transcurre desde el 1 de enero siguiente a la celebración de los juegos anteriores, hasta el 31 de diciembre del año en el que se están sucediendo los juegos actuales.

El COI ha pasado sus rubicones, vamos a referirnos a uno de larga data y al más reciente.

Toneladas de papel y un número infinito de documentos se escribieron y discutieron para tratar de mantener una separación entre los atletas y los deportes que entonces se calificaban de “amateurs” y los llamados “profesionales”.

Fue el propio barón de Coubertin, quien con base a su antes celebrada y hoy criticada frase “Lo importante no es ganar, lo importante es competir”, perseguía un concepto idealista de la función del deporte. Dado que hubo “actitudes” diferentes en los distintos países y estas posturas fueron utilizadas con fines políticos, el COI trató el tema con excesiva prudencia y al final de la historia, o mientras tanto, tomó la decisión de derribar esas fronteras y hoy tenemos que a las competencias olímpicas concurren y compiten atletas profesionales y aficionados en “igualdad de condiciones” por lo que esta frase pueda significar.

Recordamos los lejanos tiempos en los que países poderosos y libres protegían a sus atletas de manera desmesurada y países menos libres que también lo hacían hasta fronteras que podían llegar a considerarse inaceptables.

En los años más recientes apareció un flagelo, que como tal, atenta a la larga contra la vida de los atletas. El uso de substancias que si bien, en el futuro inmediato o en el corto plazo, servían de estimulantes al desempeño deportivo, iniciaban un proceso indeseable para el deportista consumidor de esos medicamentos que administraban sustancias nocivas.

Las Federaciones Internacionales, bajo la promoción del COI, tomaron cartas en el asunto y comenzaron a definir listas de sustancias y productos patentados que no podían ser consumidos por atletas. Las actitudes de los distintos deportes también fueron distintas, unas más rigurosas que otras. Organismos internacionales del más alto nivel, como las Naciones Unidas, también emiten opinión y desarrollan programas para adversar el uso de esas sustancias nocivas.

Pero hoy, a las puertas de la trigésimo primera olimpíada de la era moderna, que es la primera que se sucede en una ciudad suramericana, estalla un escándalo mayúsculo que se denuncia en el Informe del científico canadiense Richard Mc Laren, donde se involucra hasta al ministro de deportes ruso Vitaly Mutko, con la alteración, por parte de un laboratorio, de los resultados de análisis sanguíneos y de orina realizados a atletas rusos.

La labor profiláctica del COI ha comenzado con el retiro de los atletas a los que se les demostró violación flagrante de las limitaciones prescritas. Ahora, y a escasos doce días de la inauguración de la cita en Río de Janeiro, el COI debate la extensión de las sanciones a otros niveles. 

Mientras terminábamos estas reflexiones, el COI ha resuelto, pensamos que ajustado a lo dispuesto en la Carta Olímpica, que sean las Federaciones Internacionales de los diferentes deportes quienes asuman la responsabilidad de determinar los alcances y responsabilidades sucedidos. Ellas son las que tendrán que asumir sus funciones en lo acontecido y en lo que se derive de la magna cita. Menuda responsabilidad.

 

rafael862@yahoo.com

@rafael862