• Caracas (Venezuela)

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Oscar Lucien

Cine, propaganda y control

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1. Muchas cosas malas se recordarán del gobierno de Nicolás Maduro. 

Las más pintoresca sin duda alguna, y por la cual hasta hace poco era conocido fuera de nuestras fronteras, es su confesión de hablar con el difunto Comandante galáctico transmutado en pajarito. Otro hecho, más trágico,que también ha hecho circular la imagen de Maduro a escala internacional es su rostro de represor. En apenas un año en el despacho de Miraflores luego del anuncio de Tibisay Lucena en abril de 2013, el gobierno de Maduro suma más muertes violentas en la represión de manifestaciones públicas que en catorce años de su predecesor. Pero en lo que sin duda alguna, “el hijo” ha superado “al padre” es la colonización absoluta de los medios públicos para ponerlos al servicio de un descomunal aparato de propaganda gubernamental, para el culto a la personalidad del fallecido presidente y para el proselitismo del régimen que preside. En número de cadenas, de apariciones públicas en televisión, proporcionalmente, Maduro supera al teniente coronel Chávez, con el agravante para la audiencia de su precario carisma y lo insípido de su discurso en buena parte concentrado en insistir en que él es Presidente de la República y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, y en que él es quien tiene las riendas del gobierno. Maduro, de manera ostensible confunde gobernar con mandar a través de la televisión. Bajo su mandato el Ministerio de Comunicación e Información (MINCI)ha acentuado su talante de impúdico aparato de propaganda que atenta contra el pluralismo político consagrado en la Constitución. 

2.Hace apenas unos días  el investigador Andrés Cañizales, en su acertado artículo “La máquina de mentir”, destaca que en el presupuesto de la nación se le asignan al Minci Bs. 1.133.600.000 (cerca de 22 millones de dólares a tasa Sicad II), lo cual representa un aumento de 35,86% con respecto a los Bs. 840.600.217 contemplados en 2013 (unos 16,8 millones de dólares). Por si fuera poco el año pasado, entre enero y agosto, ese despacho recibió, vía créditos adicionales aprobados por la Asamblea Nacional,un monto de Bs. 132.998.087 (2,6 millones de dólares) en tres créditos para el área. Lo que quiere decir, que en la práctica, el Minci dispuso de casi 20 millones de dólares para su ejecución en 2013. Para el año en curso solicitó el equivalente a 22 millones de dólares.

¿Tenemos los venezolanos más y mejor comunicación? No. Sólo tenemos másy más Maduro. Todos esos ingentes recursos que recibe el ministerio de propaganda sólo han servido para profundizar un cerco a la libertad de expresión y al derecho a la información de los venezolanos. Para construir una narrativa sobre las bondades del socialismo (bolivarero) y escamotear  la precaria realidad de escasez, corrupción y alta criminalidad que padecemos los venezolanos. Sobran los datos y hechos contundentes para demostrar cómo en un año de gobierno de Maduro el ejercicio de la libertad de expresión ha sido afectado, se ha criminalizado la opinión disidente, se ha limitado el acceso a las fuentes informativas y se han producido, en opacas transacciones que no permiten identificar a los verdaderos propietarios, adquisiciones de medios con el consecuente cambio en sus líneas editoriales e informativas que vienen a reforzar la estrategia comunicacional del gobierno

3. ¿No es válida, entonces, la inquietud en los sectores que laboran en la cinematografía nacional por la pretendida adscripción al Ministerio de Comunicación e Información (Minci) del órgano rector del cine, el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC)?

¿Qué garantía tienen los creadores nacionales que, bajo tutela de un ministerio de propaganda, sus obras puedan realizarse en el ámbito de autonomía que mal que bien ha prevalecido en el CNAC? ¿Podemos tener los venezolanos un mínimo de confianza que la libertad de creación no será limitada, coartada, sometida a la perversa autocensura (que no deja “huella” visible) con sólo comparar el impúdico desempeño del Minci frente a los canales del Estado, de todos los venezolanos como dice el emblema del VTV, sometidos de manera obscena a las necesidades y estrategias del partido de gobierno? ¿No es contra la Constitución y, en consecuencia, absolutamente repudiable, el nivel de invisibilidad de los actores democráticos en los canales del Estado? 

El cine que se ha hecho en Venezuela estos últimos años se ha beneficiado de una plataforma productiva más sólida gracias a que en la institucionalidad cinematográfica ha prevalecido, con sus bemoles por supuesto, el peso de una tradición democrática y de concertación entre el sector creativo, el de la distribución y el propio gobierno, que es inexistente en otros sectores de la vida nacional. El pretendido cambio de adscripción del CNAC atentaría contra esta realidad objetiva. La mayor fortaleza de la cinematografía venezolano, descontado el empeño, tenacidad y creatividad de sus autores, es la existencia de la Ley de Cine, con sus reglamentaciones, siempre factible de corrección y mejoramiento. Es inconcebible que Maduro –mandando, repito, no gobernando- pretenda pasarle por encima vía Ley Habilitante.

La existencia de Fonprocine, que se nutre de los aportes de todos sectores productivos, de distribución y exhibición ligados a lo audiovisual garantiza los recursos necesarios para la producción y promoción del cine venezolano. No suelo hacerme eco de rumores pero se ha comentado que gente no particularmente ligada al cine estaría haciendo nuevos planes sobre los recursos existentes en este Fondo.

El Estado juega su rol, importante dentro de esta concertación. Considero que la adscripción del CNAC al Ministerio de Comunicación e Información responde más a una estrategia política de propaganda y control y no a las intereses propios de la cinematografía, sus creadores y el público.