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Beatriz de Majo

Ciberpiratería militar

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Hace un año el Ejército de Liberación Popular de China fue acusado desde Washington de importantes violaciones del espacio cibernético de un significativo número de empresas occidentales. Cerca de 140 compañías vieron sus cuentas hackeadas por los ciberpiratas en uniforme sin que la denuncia pudiera llegar a un resultado plausible. Los ataques estaban siendo protagonizados por una unidad estratégica del Ejército y particularmente se logró reconocer acciones ilegales emprendidas desde la Unidad 61398 del ELP.

China restó toda importancia a los señalamientos apuntando su dedo acusador hacia Estados Unidos y asegurando que es Norteamérica la que se lleva la palma en aquello del espionaje a terceros, China entre ellos. Estaba el caso Snowden en su mejor momento…

La administración Obama en aquella ocasión advirtió al gobierno de Pekín que el espionaje digital aupado por los gobiernos no es un hecho trivial y que “acarrea consecuencias”, pero no hubo una acción de seguimiento de parte de los americanos que detuviera estas prácticas que deben estar proscritas en la actuación de los Estados. La turbulenta dinámica de la política externa americana no permitió a lo largo de 2013 darle atención prioritaria a estos temas, pero si bien no se mantuvieron en vitrina, tampoco fueron puestos de lado.

Un nuevo informe de vigilancia presentando recientemente en el Congreso americano por la empresa de seguridad estratégica Mandiant deja ver que el espionaje militar chino está lejos de desaparecer. La actividad disminuyó hasta después del verano y, luego de haberse protegido adicionalmente para lograr no ser detectados por los buscadores de piratas, volvieron con nuevos fueros y han mantenido un tren de actividad preocupante desde el segundo semestre del año pasado. La gran dificultad sigue residiendo en rastrar el origen de los mismos.

Esta ha sido la trinchera tras la cual se han escudado las autoridades chinas y que ha permitido al Ministerio de la Defensa chino calificar las acusaciones americanas oficiales de “poco profesionales e inexactas”.

La actividad intrusiva de los militares chinos se recuperó luego de que la dirección IP de los hackers fue sustituida y apenas les tomó 160 días regresar a sus operaciones criminales desde la ciudad de Shanghai, una vez que estuvieron seguros de haber contenido el daño político entre las 2 capitales.

El nuevo reporte de Mandiant señala que son las mismas empresas y entidades occidentales las que son objeto de las actividades piratas un año más tarde. Pero en esta ocasión en el Congreso americano la inclinación anímica no es a banalizar un hecho de tal importancia y trascendencia. En ello han encontrado buen respaldo en la prensa local y en la internacional. Es bueno recordar que el prestigioso medio The New York Times fue objeto de este tipo de molestas intrusiones chinas, al igual que el The Financial Times, en Londres. 

Ya hay acciones en marcha. La última visita a Pekín de Chuck Hagel, la semana pasada, permitió poner los puntos sobre las íes a los chinos, cuando el secretario de la Defensa presentó su propia doctrina en torno al tema del espionaje informático y le exigió, al mismo tiempo, a su contraparte un mejor y mayor conocimiento de sus propias cibercapacidades.

El tema no motivó grandes titulares, pero eso sí, se ha convertido en un asunto clave de las relaciones entre los dos titanes.