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Danilo Arbilla

Chocolate por la noticia

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La semana pasada el jefe del Comando Sur, general John Kelly, dijo en Washington  ante una comisión de la Cámara de Representantes que los Estados Unidos han perdido influencia en América Latina. Chocolate por la noticia.

¿Y qué esperaban?

Donde les va bien es en Ucrania o en el medio oriente según se desprende de las novedades que vienen desde aquellas regiones.

Hoy  cualquier gobernante que sienta que cae su popularidad apela  como  antídoto al “antiimperialismo yanqui”. Es lo que hizo el ecuatoriano Rafael Correa, golpeado no  hace mucho por unas elecciones municipales y una opinión pública a la que no les escapan “algunas cosas de su gobierno” pese al cerrojo de la prensa.

Correa expulso a 20 agregados militares estadounidenses y pidió a los Estados Unidos que cerrara su oficina de cooperación en temas de seguridad  en Ecuador.

Es además lo que acaba de hacer Nicolás Maduro, condenando “la injerencia grosera” de Estados Unidos en su promovido diálogo “por la paz y la conciliación” auspiciado por la Unasur y el Vaticano, mientras en paralelo continúa con la represión, la tortura y el asesinatos de estudiantes y disidentes y mantiene un importante número de presos políticos, entre ellos al hoy mas apoyado líder de la oposición Leopoldo López.  El heredero de Chávez y hombre de los Castro – el  burócrata de más alto rango del régimen  cubano, como le llaman- anunció que va a denunciar ante la Unasur esta “agresión del gobierno de Estados Unidos”  y la participación directa de funcionarios estadounidenses en la “conspiración de los guarimberos”.   Aportará pruebas de esto,- ni que hablar- , razón por la que  las apuestas dan por hecho que la Unasur lo apoyará.

¿Alguien quiere apostar a que no? (Y a todo esto,¿qué se sabe de lo que el papa Francisco, el que respaldó y alentó las protestas de  los jóvenes brasileños, ha dicho de los jóvenes venezolanos que luchan en la calle por la libertad y contra la dictadura chavista?).

 La diplomacia de Estados Unidos tiene una gran habilidad para “asistir”: las deja picando y solo resta empujar la pelota y gol. Ya hace más de medio siglo William Lederer fue muy elocuente sobre esa característica de la política exterior de los estadounidenses en su libro “Una nación de borregos”. Incluso lo dijo antes de que se decretara el embargo, llamado bloqueo por cubanos y sus amigos y testaferros y por oportunistas y distraídos, que tanto le ha significado a los Castro para justificar  la crisis continua , los presos políticos , la represión a la disidencia , y en definitiva,  su dictadura.

Es que, por ejemplo, se hace difícil creer en las críticas de Estados Unidos al chavismo mientras continúa comprándole petróleo o en la indignación de Maduro, que se los sigue vendiendo.

Lo mismo pasa con el discurso de algunos embajadores de ocasión de pose progresista , los que a veces desparrama el Departamento de Estado, y los que ni rozan con sus alabanzas a sus enemigos de siempre – en definitiva es una cuestión entre la democracia y la libertad, por más que le llamen capitalismo y neoliberalismo, por un lado y el totalitarismo (leáse también fascismo, ver Venezuela)  por el otro- , pero sí desilusiona y les hace perder  amigos al tiempo que confunde a neutrales y analistas. Estos “versos”, son como las condenas a las torturas olvidando que sus responsables fueron entrenados y  preparados en el Comando Sur, o nada tienen que ver con  la dureza y exigencias en las negociaciones con países aliados cuando se trata de acuerdos comerciales o de inversiones .

Decididamente ser amigo o hablar bien de Estados Unidos no paga, en cambio ser su enemigo y criticarlo y condenarlo da unos réditos tremendos.