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Beatriz de Majo

China y Alemania: “el tanque lleno”

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Para los chinos una visita de Estado no es poca cosa. Los mandatarios asiáticos dejaron pasar 8 años sin poner sus zapatos en suelo alemán, pero ello no ha sido óbice para que las relaciones entre los 2 gigantes se hayan detenido. Bien por el contrario, los intercambios entre los países cimeros de Asia y de Europa no han hecho sino crecer y fortalecerse en los últimos años. China es el primer destino para las exportaciones alemanas a Asia y el tercer comprador de productos alemanes a escala planetaria. En el país europeo 1 millón de puestos de trabajo dependen de las importaciones chinas. En total, 150.000 millones de euros es la suma de dinero que han estado moviendo anualmente las relaciones comerciales entre China y Alemania.

Del lado del dragón, sin duda Berlín era la parada más destacada del periplo completado por Xi Jinping en Europa la semana pasada, si se toman en consideración los 40.000 millones de dólares y más que los chinos les facturan anualmente. Más de 800 empresas chinas operan solo en Renania del Norte, Westfalia. Un hecho a notar es que desde Hamburgo 3 veces por semana parte un tren con destino a la ciudad de Zhengzhou, a 10.200 kilómetros de distancia, para llevar productos industriales alemanes de alto valor agregado, lo que califica a este trayecto como la “nueva Ruta de la Seda”.

La realidad es que ante la depresión económica de la eurozona, Alemania requiere de un mercado como el asiático mientras China necesita tecnología como la germana. Es una complementariedad de la cual ambos pueden ufanarse.  De ella se beneficia más Alemania que China, pero los asiáticos no dudan en autocalificar el binomio como un “dream team”.

El emblema de los encuentros entre los dos países en la ocasión de este viaje de Xi fue el matrimonio empresarial de Daimler y Beijing Automotive para aumentar la producción de su empresa conjunta, Beijing Benz.  Después de 10 años de colaboración, en noviembre Daimler compró una participación de 12% en la división de coches de Beijing Automotive, por 625 millones de euros. Primera vez que un fabricante de automóviles extranjero compraba una participación tan grande en un fabricante chino.

Más allá de ejemplos como el anterior, los dos mandatarios no ocultaron su propósito de mostrarse frente al mundo como las locomotoras de Asia y Europa en lo económico y como dos potencias susceptibles de determinar el rumbo mundial en temas de seguridad y de resolución de crisis que atentan contra la paz del planeta.   

Pero si el eje de este encuentro fue lo económico, los tedescos no dejaron pasar la ocasión de poner sobre el tapete temas espinosos e incómodos para los oídos chinos: el respeto de los derechos humanos y la libertad de expresión fueron abordados por la canciller Angela Merkel con la misma transparencia que la colaboración económica bilateral.

Lejos de incomodarse, Xi actuó como el buen amigo capaz de tolerar la disidencia y la crítica. Más bien, dejó a un lado la urticaria que los comentarios de Merkel sobre este tema y sobre la importancia de la libertad de expresión le deben haber causado y clausuró los encuentros oficiales con broche de oro diciendo que China sentía que las relaciones económicas entre los dos titanes tenían, hoy por hoy, “el tanque lleno”.