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José Domingo Blanco

Chávez 62

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¿El país está para celebraciones de cumpleaños de un muerto? Porque, sin querer entrar en honduras filosóficas que nos pongan a debatir si tiene lógica o no que a un muerto se le celebre un año más de vida, insisto con la pregunta: ¿Venezuela está para ágapes de dos días, más actividades recreativas permanentes incluidas, en honor a un difunto cuyo único legado –el de verdad, verdad– es la destrucción y empobrecimiento de nuestro país? ¿Acaso no es un irrespeto para los venezolanos que hoy luchan contra el hambre, la pobreza y el hampa que la plata que se necesita para combatir esos males se esté desviando para agasajar a un finado embaucador? ¡Ni para el natalicio de Simón Bolívar se programó una agenda tan exhaustiva y alegórica! Estas “Fiestas Patronales” para celebrar el nacimiento del Difunto Comandante solo puede ocurrírseles a las mentes retorcidas de quienes integran este régimen: unos saqueadores a los que les conviene mantener viva la estampa de Chávez, porque “mantenerlo vivo” es la única cuerda –delgada, por cierto– que aún los mantiene atados al poder y disfrutando los enormes beneficios que éste les reporta.

Incluso, en la fiestecita, incluyeron “competencia de arañeros y arañeras” que vaya Dios, y los chavistas a saber, qué clase de juego tradicional es ese que inventaron. Supuse que sería algo como poner a los concursantes a hacer “dulces de lechosa” en forma de arañas, que eran los que decía Chávez vendía en su Sabaneta natal. La verdad, como me pareció tan ridícula, inadecuada, extemporánea y absurda esta celebración del sexagésimo segundo aniversario del nacimiento del difunto, preferí no ahondar en el significado y las reglas de juego de ese concurso.

Mientras el bonche por “El sembrado” está prendido en el Cuartel de la Montaña, y organizan juegos alegóricos inspirados en su “gesta”, en las calles de la ciudad, centenares de venezolanos –con caras de hambre y mucha pobreza a cuesta– deambulan buscando uno de esos kilos de azúcar que, de seguro, desviaron los aduladores del Comandante Intergaláctico para poner –una vez más– la gran torta. Como la del año pasado, y en la que misia Elena Frías fue la encargada de apagar las velas. Supongo que, por el reciente luto de la familia Chávez Frías, el turno para soplar las velitas será de Cilia o Nicolás –eso si el caso de los sobrinos no los tiene lo suficientemente nerviosos. O tal vez Padrino López quien, de la noche a la mañana, a un “paso de vencedores” que tal vez no les guste a otros, está asumiendo responsabilidades como las que, en teoría, pertenecen al que luce la banda presidencial.

¿El país está como para gastar tanto esfuerzo y dinero en el cumpleaños de un muerto? Ese presupuesto debió destinarse a algunos de los tantos hospitales del país donde, por falta de recursos, la gente muere de mengua. Esa platica que salió del erario de la nación, debía destinarse para alguna de las muchas prioridades que hoy tiene nuestro país. Para poner a producir, como es debido, las plantas de alimentos que antes sí funcionaban; pero que, el difunto intergaláctico expropió y los incompetentes que puso al frente de ellas quebraron.

Es verdad que los venezolanos tenemos fama de bonchones; pero, celebrarle el cumpleaños al difunto presidente me parece una enorme ridiculez. A menos que este ritual sea parte de un culto al muerto exigido por los brujos y babalaos cubanos en los que tanto creía Chávez. Una manera de mantenerlo presente en el corazón de los pocos seguidores que –abrigo esa esperanza– le quedan al chavismo. Porque, ya no es suficiente que Chávez invada con sus ojitos vigilantes los edificios de la Gran Misión Vivienda. Porque, para que estos saqueadores puedan seguir gobernando necesitan que cada 28 de julio, el Comandante Intergaláctico apague las velas. Porque, les urge celebrarle un año más de vida a Hugo, una vida que desde hace tres ya no tiene. Con una torta y unos gastos que no se justifican en esta época de tanta escasez, violencia y miseria.

Vivimos un momento país donde las prioridades tienen que ser otras. No una fiesta para Chávez a quien –a mi juicio y quizá, muchos coinciden conmigo– le debemos el destrozo y empobrecimiento del país. El responsable de que hoy en Venezuela impere el odio y la violencia. Porque ese sí es su legado: la destrucción acelerada de una patria que en esencia era próspera. Le debemos este retroceso de años, unos años tomará décadas recuperar.

Lo que estamos viviendo los venezolanos, la gran herencia de Chávez, es esta miseria –moral, social económica- que hoy nos azota. Esa jamás será su grandeza sino su culpa. Su verdadero y lamentable legado. Y Maduro, que fue su gran discípulo, desperdició la oportunidad de rectificar la senda trazada por su mentor: y, por el contrario, le metió la sobre marcha al proceso de destrucción.

 

 

mingo.blanco@gmail.com

 

@mingo_1