• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Diego Arroyo Gil

Chávez vive. Usted no

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

De una manera inevitable, como si fuera una condena a que nos sometiera la ira de todos los cielos o los sinos del infierno, los venezolanos pasamos el tiempo registrando la comisión de hechos atroces. Me pregunto cuánto y cómo soportamos sin lanzarnos a una aventura temeraria, que pueda ser demasiado cara.

Hace unos días volví a quedar en absoluto estado de estupor al leer la prensa. Supe que un joven de 21 años fue asesinado luego de que los homicidas le preguntaran si lo mataban a él o a su hermana menor. Dijo que a él y le dieron 13 tiros. Con uno habría bastado, pero se trataba de aprovechar el momento de quitarle la vida para destruirle el cuerpo. Psicopatía. A la niña no le hicieron nada, solo le cosieron en los ojos la córnea de la muerte. Lo que le queda hasta que la naturaleza o el hampa la lleven, a ella también, al cementerio (en Venezuela nunca se sabe) es verlo todo salpicado por esa sangre y expiar la culpa de vivir porque su hermano está muerto.

Para hacer más sórdido el crimen, la prensa informó que el joven había estado preso en 2012 por formar parte de una banda criminal. ¿Ajuste de cuentas? ¿Venganza? Da igual. Sea cual fuere la trama secreta que acabó con él, la escena es igualmente abominable. Y lo es, tanto más, porque dramatiza lo que sucede en nuestro país todos, todos los días del año, todos los años. A nadie puede olvidársele, aunque provoca que se nos olvide, que en 2013 el hampa mató a 24.763 venezolanos. No sé cuántas veces he repetido ese dato, teniendo cuidado de no ver la montaña de cadáveres y colapsar psíquicamente ante una imagen humanamente intolerable.

Espero que se me quite, pero llevo ya bastante tiempo con un poema de Rafael Cadenas en la cabeza. Se llama “Atisbo”, y dice:

 

De repente comprendí

que matamos

porque estamos muertos.

 

Visto así, se entiende que el chavismo nos escupa en la cara que “Chávez vive”, con la estúpida insolencia que caracteriza a la claque que lo constituye. Tienen razón. Como en el crimen del joven y su pequeña hermana, pero al revés y sin el más mínimo vínculo de afecto: el vivo es Chávez, y los demás somos los muertos. O peor: él vive para que a usted lo maten. Horror. A esta repugnante ecuación han reducido a Venezuela sus enemigos. Me sobreviene una arcada, y dejo de escribir.