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Héctor Silva Michelena

¿El Cristo de todos?

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En las elecciones recientes, quedó demostrado que el país está dividido en dos mitades: una, la oficialista y, dos, la integrada por disidentes. Mas, para el Gobierno esta división es sólo numérica y no incluye las ideas, sentimientos e inclinaciones de la otra mitad.

El señor Maduro hizo su campaña y ejerce su mandato en nombre del “comandante supremo”, y llegó hasta el extremo de participar en la comparación y casi identificación de Hugo Chávez con Cristo. Así, la disidencia sufre la abolición de Cristo. Consecuencia, el Hijo de Dios es sólo oficialista.

¿Pero quién era en realidad el dueño de ese cuerpo guardado por soldados y cirios de llama eterna?

Después de una larga serie de mentiras se anunció su muerte por cáncer, revestida de épica, como si hubiera muerto combatiendo al satánico imperio de Bush, como dijo en la Organización de las Naciones Unidas, haciendo alarde de su falta de sentido del ridículo.

La retórica del chavismo llega a tal delirio que hasta el mismo cáncer fue enviado por los yanquis a través de algún misil radiactivo. Y lo que en vida fue la glorificación mesiánica de un pequeño reyezuelo, en su muerte se ha convertido en una santificación. Él mismo se había otorgado la herencia del martirio de Jesús, y de ahí a ser santo hay un pasito. Quien murió no fue el Cristo de los pobres, sino el reyezuelo de Venezuela, usurpador del buen nombre de Simón Bolívar. Y por más que su herencia deja un país empobrecido, corrompido, con un Estado de Derecho al borde del derribo y aliado de los peores países de la humanidad, a pesar de ello todo ha sido armado para vender la imagen de un líder glorioso.

¿Qué ha sido el chavismo, más allá de la retórica grandilocuente del eje bolivariano y sus amigos de la izquierda más jurásica, más recalcitrante y más reaccionaria?

De entrada, la recuperación de un discurso populista fascistoide que recuerda las peores ideas de la extrema izquierda latinoamericana de los sesenta, esa que comportó grupos terroristas tan simpáticos como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Como si volviera a los tiempos en que el fascismo de derechas y el de izquierdas se medían la locura y la maldad en la piel de Suramérica.

Chávez blanqueó ideas reaccionarias para venderlas como libertadoras. Además, tomó recursos de la nación para crear un eje mal llamado bolivariano, porque ahí mete su cabeza la Argentina de Kirchner, y que tiene como gran aliado al otro lado del Atlántico una dictadura teocrática, cuyo fascismo islamista reprime, encarcela y mata. Chávez puso la pista de aterrizaje al Irán de los ayatolás, y el resultado es el delirio.

Recomiendo a Maduro y cofrades hojear los siguientes libros: Biblia del diario vivir, 2007, por R. Valera; ¿Quién es Jesús de Nazaret?, 1968, por A. Wallis; El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo, 2006, por R. Guardini.

Estas son las principales conclusiones que se derivan de la lectura:

El Concilio de Éfeso (año 431) definió que el Cristo histórico es, al mismo tiempo, verdadero Dios y verdadero hombre, y, como consecuencia necesaria, María es madre de Dios.

El Concilio de Calcedonia (año 451) precisó y formuló la existencia de las dos naturalezas divina y humana en la persona única de Cristo.

En el Segundo Concilio de Constantinopla (año 553) quedó precisada la unión de las naturalezas divina y humana e insistió en la unicidad de la persona de Cristo.

El Tercer Concilio de Constantinopla (años 680-681) proclamó la existencia en Cristo de dos voluntades, la humana y la divina.