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Diómedes Cordero

Chávez “el Supremo”

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Con un título que relaciona semántica y simbólicamente la figura histórica del presidente Hugo Rafael Chávez Frías con la del “supremo dictador perpetuo del Paraguay, el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia”, al quitar “en préstamo al celebrado Augusto Roa Bastos parte del título” de su clásica novela, José Mendoza Angulo, abogado e historiador, académico y político, escritor y ensayista, insiste  en su último libro, publicado digitalmente, Chávez “el Supremo” (http://www.saber.ula.ve/bitstream /123456789/28527/1/chavez_supremo.pdf. 2010 ), en la necesidad del “esclarecimiento del rasgo político dominante del chavismo”, conformando con sus dos libros anteriores: Venezuela destino incierto. Para comprender lo que pasa hoy en el país (2005) y Venezuela 2006: La encrucijada (2006), (Mérida: Publicaciones Vicerrectorado Académico, Universidad de Los Andes), posiblemente, uno de los más importantes ejercicios intelectuales de comprensión de la revolución bolivariana.

Mendoza Angulo explora el “hecho de la dictadura”, con un enfoque cercano a  la historia conceptual, desde “la tiranía” en Grecia y “la dictadura” en Roma, hasta la dictadura del proletariado y la dictadura en su sentido moderno. Revisa las dictaduras totalitarias: los totalitarismos comunista, fascista, nazi y sus derivas europeas; y las dictaduras autoritarias: Getulio Vargas y el “Estado Novo” brasileño, el “socialismo militar” boliviano, Juan Domingo Perón y “el peronismo” y el “gobierno revolucionario de la Fuerza Armada” peruana de Juan Francisco Velasco Alvarado. Si el carácter metafórico y metonímico del título indica el posible carácter interpretativo y resignificativo de la mirada historiográfica de Mendoza Angulo, la revisión de la historicidad y contingencia de las formaciones intelectuales, las representaciones e interpretaciones de los hechos, en el caso del concepto de dictadura, permitiría a Mendoza Angulo trazar, con una prosa precisa y elegante, reflexiva y transparente, que a pesar de su formación francesa, se emparenta más con el ensayismo inglés, la identidad y “la construcción del poder personal por parte del teniente coronel Chávez Frías”, para asomarse, “a la sugestiva invitación de pensar en la transición que necesariamente ha de venir”.

La sensibilidad historiográfica de Mendoza Angulo, anclada en un modo de leer la historia con un cuidado y rigor menos “presentista”, evitaría el anacronismo interpretativo de las fuentes textuales del pasado y lo acercaría a la comprensión de los actores y hechos históricos en sus propios términos, como uno de los itinerarios posibles de construcción de un relato del campo de batalla semántico del chavismo, abierto a sus ambigüedades, contradicciones, solapamientos, disputas y polisemias de sus distintos agentes, grupos, identidades, intereses,  símbolos, imágenes y representaciones. Excava en los conceptos y hechos de la  experiencia histórica para intentar comprender los puntos de fuga de los cambios futuros: “Las razones que invitan  a pensar la transición con esperanza y racionalidad”.

Sin “intentar una periodización del régimen chavista”, Mendoza Angulo, reconstruye conceptualmente el poder personal del presidente Chávez. El Caracazo, la caída del segundo gobierno de Pérez, el triunfo electoral de Chávez en 1998, el “polo patriótico”, el partido militar, la intervención del poder judicial, la “limpieza” de la fuerza armada, la “razzia” de Pdvsa, los modos del control personal del poder, las diferentes formas de simulación democrática, la diversidad y pluralidad de la oposición, la “ideología chavista” y el “rentismo chavista”, entre otros; indagación conceptual  que José Mendoza Angulo denomina: “El fragoso camino de diez años de la ‘revolución bolivariana’”, prefiguran, antes del deceso del presidente, el estado policial, opresivo y represivo, cada día más cercano a la dictadura, en que ha derivado la revolución bolivariana en los tiempos actuales.

Chávez “el Supremo” tal vez sea uno de los mejores retratos conceptuales de la historia del chavismo: en la interpretación y representación del lado dictatorial dominante de su rostro bifronte, “nos es permitido considerar el ritmo creciente de la represión como un indicador de la transición y de la necesidad de pensar seriamente en la vecindad de los cambios”.