• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Chávez, Santos y Capriles

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Al presidente-candidato de Venezuela debió hacérsele digerible que Juan Manuel Santos recibiera a Henrique Capriles porque le pareció una ocasión de la que podría sacar partido. Permitiría al Gobierno en campaña reeleccionista lucir democrático y respetuoso de las soberanas decisiones ajenas ante el mundo, a la vez que seguir orquestando su guerra sucia interior.

Podría también aprovechar esos días para mostrarse comprometido con la paz y seguridad en Colombia publicitando el apresamiento en San Cristóbal del bien instalado capo Daniel Barrera, según el comunicado oficial, como "demostración de voluntad inquebrantable en la lucha contra el narcotráfico" ratificando "su determinación de seguir llevando adelante una política soberana en este frente de batalla, cuyos resultados están a la vista de la comunidad internacional".

Al mandatario colombiano, hombre de ganar-ganar que también anda en los cálculos para su única reelección, la solicitud de Capriles no le vino mal, confiado en que había argumentos para hacerlo aceptable a Chávez, incluida la extrema sobriedad del encuentro.

Su discurso sobre la neutralidad ante las elecciones venezolanas y el reconocimiento de facto de que, contra lo que él mismo dijera hace unos meses, después de Chávez no tiene por qué venir el caos, tendrían buen efecto entre sus potenciales reelectores, debilitarían las tesis de Álvaro Uribe y dejarían abierta la puerta a vínculos con un posible nuevo gobierno en Venezuela.

Nada de esto disminuye la importancia de la reunión privada en el Palacio de Nariño, más bien contribuye a destacarla.

Tanto más si se mira el frágil y desequilibrado balance de las relaciones que los dos presidentes relanzaron hace poco más de dos años.

La deuda reclamada por los exportadores colombianos terminó de ser pagada recién el mes pasado, salvo por montos no respaldados. El comercio ha aumentado lentamente pero sobre la base de negociaciones en las que el Gobierno venezolano es el gran comprador que con su política de importaciones masivas sostiene una balanza comercial marcadamente desfavorable para el país. La coordinación en seguridad ha mejorado, pero a cuentagotas y fuertemente dependiente de la presión del Ejecutivo colombiano, el sentido de la oportunidad del venezolano y el acuerdo personal de los dos presidentes. Y en lo relativo al acompañamiento del Gobierno de Venezuela a los diálogos de paz y las implicaciones de su apoyo logístico, también queda en evidencia que hay afinidades y protecciones ilícitas que no han dejado de encontrar cobijo en el territorio nacional.

Por lo que se lee en el programa de la Unidad Democrática y por lo que con la necesaria discreción del caso dejó conocer su candidato a la Presidencia sobre los temas que se proponía llevar a su encuentro con Santos, el terreno que dejó abonado será fértil para relaciones en las que a los dos países, con más transparencia y franca cooperación, les vaya bien.