• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

Parte de la herencia

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Cualquier venezolano que le dé una cuidadosa lectura al texto completo de nuestra Constitución, llega a la conclusión de que nadie nunca la ha violado más (al menos hasta hace pocos días) y artículo tras artículo, que Hugo Chávez Frías, dedicado desde Miraflores a llevarle la contraria a cada deber y obligación indicado en las páginas de esa carta magna; y si algo ha revestido extrema gravedad en tan irresponsable adulteración de su contenido, fue la producción de una Ley Habilitante, acción estrictamente política con él confiriéndose facultades legislativas y reconfirmándose como un dictador de facto, en función de consolidar la existencia de la “Milicia Bolivariana” y hacer de ella el quinto componente de la FAN, paralelo y contrapuesto a los establecidos en la Constitución.

El sector militar vive una extraña situación, al asistir a su sustitución progresiva pero evidente, por círculos, milicias, reservistas, guardias territoriales, o como se les llame, de civiles entrenados y armados; además de estar sometidos a vigilancia y seguimiento por los servicios de inteligencia e infiltrados. Ante eso, tantos dignos oficiales de carrera, ¿qué piensan?, ¿qué dicen?, ¿qué hacen? ¿Qué respuestas dan a un país que ha confiado en ellos?         

Atenuado el dolor que vinieron a exhibir en Venezuela con rostros compungidos y aparentes signos de tristeza, varios de los mandatarios que asistieron a las honras fúnebres y que a estas alturas bien se les conoce en cuanto a quiénes y cómo son, qué dicen y hacen, qué pretenden y buscan, una vez asegurados de que el hijo póstumo del caudillo y supuestamente electo presidente no dejará de mantenerlos, uno los imagina tomados de la mano para aclamarlo y adularlo, bailando en torno a él una suerte de danza de sagaces vividores.

Y es que si pensamos en una desvergüenza que rebase los límites de nuestro territorio, vemos que son unos cuantos los políticos de renombre continental que a la cabeza de sus respectivos países, ya no son reconocidos (no pueden serlo) como magistrados de digna investidura en una respetable condición de jefes de Estado, sino que conforman una bochornosa legión de aprovechadores que viven a expensas de otros países, de regalos hechos por gobernantes que buscan proyectarse a punta de dinero para ser tenidos cual líderes regionales o mundiales. Caso Chávez con su mochila de petrodólares.

Dentro de la descarada intención del Gobierno de controlar las universidades, estos años han significado un hostigamiento sistemático, demostrando el régimen preferirlas castradas y castrenses. Quienes ante la devaluación nacional y el acoso antiestudiantil nos decimos preocupados por la educación y la cultura como valores esenciales, no somos seres para una idea única y mucho menos si en la elaboración de ella se nos excluye con la pretensión de imponérnosla, y más grave aun e inadmisible si quien así nos trata es alguien que, a partir de su ignorancia, echa mano de recursos represivos, dictatoriales.

El recuerdo del extinto es mantenido en base a videos, grandes fotografías y vallas, risueño en unas y de puño en alto en otras; pero va siendo fácil salir de él en ausencia de sus morisquetas y su comicidad a lo juro. Y habiendo sido tan de una vez y tan absoluto el strip tease de Nicolás Maduro en cuanto a sus miserias, abusos y voracidad, ya observaciones acerca de su ordinariez a pesar de sus poses de buenmozo con ropa cara, y sobre su actitud despótica, no requieren la mención de su nombre para identificarlo. Insistamos entonces en la salida del poder de esta pandilla cívico-militar, y no sólo para el cese de la degradación que padece el país, sino asistidos por nuestro derecho a la vida y a vivirla en paz.